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Aitana Sorní
— Guárdalo
Lo último que quería era ver ese anillo. No estaba lista, creo que nunca estaría lista para ser la esposa de nadie. Verlo me aterraba, porque no sabía hasta cuando podría vivir aferrada a esa ilusión. Miré a Salvatore a los ojos y convencida de que ser su esposa solo traería más problemas que felicidad insistí.
— Amarnos no es suficiente. Mira a tu alrededor, mírame a mi, miraré a ti y luego mira en donde ambos estamos parados.
— No se a que te refieres.
— Si lo sabes. Eres un hombre de negocios importante que siempre va a estar en el ojo de los periodistas y del mundo. Tienes una madre que me odia y aún no sé por qué y eso que aún no hemos hablado de quién soy yo. Yo soy la hija alcohólica y depresiva de Alicia Sorní, la mujer que ahora mismo está en boca de media España por adúltera. Ves todo color de rosa pero no lo es. Ahora mismo soy la peor opción como esposa para cualquier hombre. Mi familia, mi apellido, todo lo que soy te va a traer problemas.
Salvatore comenzó a reírse y yo me sentí como una auténtica gilipollas. ¿De qué coño se estaba riendo? Estaba hablando muy en serio y él parecía tomárselo a broma.
— ¿De que te ríes? ¿Mucha gracia te hace?
— ¿Sabes lo que me parece gracioso? Qué te preocupas por gilipolleces. Me importa una mierda el lío de los apellidos, o el qué dirán. Eres la mujer que amo y punto. No importa los millones, ni una empresa, ni mi madre ni nadie en el mundo que haga que pueda dejar de amarte como lo hago.
— Pareces salido de una jodida novela romántica empalagosa. De esas novelas en las que todo es bonito aunque todo se esté yendo a la mierda. ¡Joder Salvatore que es la puta vida real!
— ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Mi dinero? O ¿es esa jodida autoestima que arrastras día tras día? Estoy harto de tener que escuchar todos los putos días como te denigras, como piensas que Renata o cualquier jodida mujer es mejor que tu. Puedo cogerme a la mujer que me dé la gana pero aquí estoy, sintiendo que comienzo a rogarle amor y confianza a una mujer que parece que lo único que hace es vivir para sufrir. Si tanto miedo le tienes a vivir entonces dímelo, para no seguir perdiendo mi tiempo en una mujer que por más que haga, no verá lo que deseo vivir con ella.
Salvatore salió enojado del tocador para sentarse de vuelta a la mesa y yo más que enojada estaba frustrada. Salí del tocador y no me detuve ni un solo segundo. Salí del restaurante e impulsiva como siempre caminé tan rápido que a Salvatore no le dio tiempo de seguirme el paso. Se podía ir muy a la mierda el y el resto del mundo. Creo que mi problema en ocasiones era intentar ser lo que realmente no era. Tenía que aceptar de una vez que mi vida, quién era yo no podría cambiarlo ni Salvatore ni nadie. Las veces que parecía estar "segura" de mi misma eran como pequeños momentos en los que estaba dormida, en los que ni siquiera lograba saber si estaba consiente o no. Caminé tan fuerte como pude, casi está corriendo pero como era de esperarse, Salvatore me alcanzó en su coche. Bajo el vidrio y enojado ordenó.
— Sube al coche
— Jodete
— Aitana que subas
— ¡Que me dejes en paz joder!
— No lo voy a volver a repetir o subes, o te subo.
Enojada lo miré y en ese momento lo único que quería era golpearlo muy fuerte y decirle que se fuera al demonio. En ocasiones, Salvatore podía llegar a ser un dolor de cabeza y más cuando creía que tenía el derecho a decirme que hacer y que no.
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Sin Amanecer
RomanceTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
