Capítulo desbloqueado
Salvatore Bianco
¡Joder! El amor me estaba haciendo hacer cosas locas y una de esas era abstenerme de no hacerle el amor a Aitana. Me vuelve loco esa mujer, nada más de tenerla cerca me pone duro, y su aroma, ese perfume dulce que usa me hechiza por completo. Ella dormía plácidamente con un ligero camisón y una diminuta braga que, ¡Dios! Dejaba poco a la imaginación. No podía dormir, estuve toda la madrugada con una puñetera erección que no cedía, estaba tan duro que incluso comenzaba a doler. Quería hacerle tantas cosas, fantaseaba con su cuerpo, con adentrarme entre sus piernas y chuparle el coño hasta que se corriera en mi boca. Deseaba abrirla para mi y hundirme ella hasta el fondo una y otra vez para ver cómo su delicado y libidinoso cuerpo se sacude debajo de mis caderas con cada embestida que le de. Quería follarla duro, azotar su culo una y otra vez hasta correrme en su coño y con suerte, dejar en ella sembrada la oportunidad de que llevase en su vientre un bebito. Estaba seguro que en algún momento tendríamos un bebé costara lo que costara. Ella se menosprecia tanto que no podía creer que no se diera cuenta lo hermoso que es su cuerpo, sus senos, sus caderas, esa diminuta cintura y sus piernas estilizadas. Su piel blanca con ligeras pecas en su rostro y su cabello cobrizo que entonaba perfectamente con sus ojos. La observaba dormir mientras cuidadosamente acariciaba sus muslos tolerando las ganas de tocar más allá de sus muslos. Abruptamente Aitana comenzó a temblar, lloraba desconsoladamente y empezó a balbucear cosas que me dejaron descolocado.
— Ya...,por favor..., duele..., no..., paren por favor. Ya no más, duele mucho ya no...,por favor — Balbuceaba en llanto aún dormida
Sudoraba, su respiración se tornó violenta y no dejaba de repetir una y otra vez que algo le dolía y que se detuvieran. Me sentí impotente al ver a la mujer que amo sufrir incluso durmiendo. Su cuerpo se tensó por completo y al abrir los ojos se quedó inmóvil totalmente. Derramaba lágrimas, pero no se podía mover. Intenté despertarla o que reaccionara pero todo fue inútil y ahí fue cuando comencé a asustarme. No se me ocurrió nada más que abrazarla fuertemente y susurrar en su oído que todo estaría bien.
— Tranquila pequeña, estoy contigo y nada te pasará. Nadie te dañará más, todo está bien, duerme cariño.
Poco a poco su cuerpo se fue relajando y como si no hubiese pasado nada volvió a caer dormida entre mis brazos y yo en ese momento lleno de angustia necesitaba saber qué era eso que tanto le atormentaba. Quien la lastimo, que era eso que tanto le dolió y dañó al punto de perturbar sus sueños. Mi mente comenzó a atar cabos y lo que mi mente comenzaba a sospechar mi corazón se negaba a admitirlo. A la mañana siguiente sentados en la mesa con el desayuno servido el silencio se hizo sentir entre los dos. Ella intentaba no mirarme a los ojos y yo honestamente a veces sentía que no podría soportar mucho tiempo el no saber que le pasaba.
— ¿Cómo has dormido?
— Bien, dormí muy bien
— ¿Por qué insistes en mentirme Aitana?
— No miento
— Si lo haces
Tragó saliva
— Quizá dormí un poco mal, me duele el cuello. Pero no es nada grave, estoy bien.
Asentí con la cabeza cabreado
— Bien, como digas.
— ¿Estás enojado?
— ¿Debería estarlo?
Aitana dejó los cubiertos sobre su plato y esta vez sí me miró a los ojos desesperada y con tristeza. En su mirada había desconsuelo, miedo y también algo de resignación.
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Sin Amanecer
RomanceTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
