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Aitana Sorní
Seis meses después
— Te gusta mucho esa canción..., no dejas de escucharla.
Brinque del susto y Soriana estaba en el marco de la puerta mirándome algo curiosa. Ciertamente me gustaba esa canción. "Blanco y Negro" la tenía en mi mente una y otra vez. Llevaba seis meses en Francia y sentía que era toda una eternidad. Volver a reunirme con Soriana fue una de las cosas que me ha logrado tener cuerda. Su apoyo ha sido más que excepcional, me conoce incluso más de lo que yo podría conocerme a mi misma. Se sentó a mi lado y le bajé un poco al volumen de la canción suspirando algo distraída.
— Si..., me gusta mucho.
— ¿Desde cuándo?
— Desde que vivo acá supongo
— ¿Sabes que creo? Creo que estás nerviosa. Todo saldrá bien.
— No todos los días se asume una responsabilidad tan grande.
— Lo harás de puta madre. Distinguida Aitana Sorní, marquesa de Villena... suena con estilo.
Ambas reímos y yo no podía negar que moría del miedo. No se en que estaba pensando cuando le acepté a Alessandro y a mamá el marquesado. No se si estaba preparada y la verdad desde que llegué a Francia no he tenido tiempo alguno para estudiar de etiquetas y demás. No me imaginaba con una corona en mi cabeza ni yendo a eventos protocolarios, al menos en la realeza de Luxemburgo hoy en día se toman muy en serio eso de los protocolos. Sin embargo el marquesado, el restaurante y todo el trabajo que tenía en París era la mejor terapia para el corazón. Me alejé de los periódicos, de la radio, de las redes sociales, de todo lo que pudiera darme noticias de Salvatore. Ahora que vivía lejos me sentía feliz, me sentía plena. Jamás pensé que lograría sentirme de cierto modo "normal" aunque Soriana dice que de vez en cuando despierto a media noche con uno que otro ataque de pánico. Creo que es normal, no se olvida toda una vida de mierda en seis meses. Pero para ser solo seis meses, creo que lo estaba llevando muy bien. Iba a terapia todos los lunes, no había probado una sola gota de alcohol desde que me fui de España, conseguí el dinero suficiente para abrir un segundo restaurante. Realmente todo iba bien, extrañamente bien. París era de ensueño, aunque el francés no se me daba bien del todo aún. Era lunes, para ser precisos, era lunes dos de octubre del dos mil veinte. Lunes era sinónimo de sesión de terapia con Debra. Debra era una psicóloga con un diván muy bonito y una pecera con peces payasos que relajaban mucho. Era amiga de Soriana aunque a veces creo que es algo más y me encantaría que fuera así, Soriana merece comenzar a hacer su vida y ser feliz. Llevaba tres meses yendo y aunque al principio estaba algo reacia la verdad es que me ayudaba bastante más que nada a entenderme a mi misma.
— Hola Aitana, ¿cómo has estado?
Me tumbé en el diván y suspirando cansada respondí
— Creo que bien. El restaurante es una locura, mañana seré la marquesa de Villena, no he tomado alcohol y cada vez siento menos la necesidad de hacerlo y pues creo que si... todo bien.
— ¿Cómo vas personalmente? Siempre hablas de lo profesional, del trabajo pero nunca hablas de como te sientes tú.
Suspiré y pues la verdad es que poco o nada tocaba ese tema. No lo veía necesario o quizá de hacerlo, sentiría que mis emociones terminarían por ganarme.
— Aún no puedo leer un periódico o mirar las redes sociales.
— ¿Por qué no puedes hacerlo?
— No lo sé. Simplemente no puedo.
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Sin Amanecer
DragosteTras la decisión de irse lejos y cortar con todo su pasado implicando renunciar a Salvatore y a la posibilidad de superar sus demonios, Aitana comienza una nueva "vida" en Francia donde superficialmente todo parece irle bien al menos profesionalment...
