Capitulo 40: Golpe de estado

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Actualización de la semana (disculpen la demora he estado enferma 🤧)

Salvatore Bianco

La cabeza quería reventar. Honestamente no tenía mente para sobrellevar otro problema más y sentía que esta junta sólo traería tragos amargos. Debía estar contento porque en tres semanas me casaba pero la verdad era que era en lo menos que deseaba pensar. Los días pasaban por mi ventana y aún así me seguía negando a aceptar que el regreso de Aitana me había descolocado de adentro hacia afuera. Quería convencerme que Renata era la mujer indicada, que era la mujer con la que podría incendiar la cama, con la que podría conectar más allá del físico, joder quería convencerme de que Renata era la mujer con la que podría tener hijos y que al besarla sintiera fuegos artificiales dentro pero no..., cada vez que la besaba solo sentía un vacío y a la vez nada. Sus besos supieron a poco desde el primer día y creí estúpidamente que eso podría cambiar con el tiempo pero fue precisamente el tiempo el cual se burlaba de esa idea. No era momento para pensar en la boda, mucho menos en la estela de errores que ya venía cometiendo, ahora tenía que enfrentar lo que sea que viniese en esa junta. Tocaron la puerta y enseguida la abrieron. Renata entró en muletas y cabestrillo. Estaba loca, debía estar en cama pero ahí estaba ella, apenas podía caminar, pero eso no parecía impedimento para ir hasta la empresa a verme.

- Qué haces aquí, deberías estar en la cama. Estás muy lastimada.

- Perdóname por todo. Me comporté muy mal, si estoy así es por mi culpa. Te prometo que no volverá a pasar.

- Tú y yo tenemos que hablar luego. El médico me dijo que no podía darme informe alguno de tu salud por órdenes tuyas. Me estás escondiendo algo y honestamente no me está gustando.

Ella sonrió tenue y besando mis labios respondió.

- Estoy bien, todo está bien. No te preocupes por mi, hay cosas más importantes en las cuales debes poner toda tu atención.

- ¿Estás enferma?- Pregunté directamente

- No. Solo estoy agotada por el trabajo.

- No recuerdas cosas, cambia de humor repentinamente, sangras, bajas más y más de peso cada día. No quieras verme la cara de imbécil Renata.

- Tengo que irme, tengo que ir de fin de semana a Barcelona a firmar unos contratos. Te amo.

- No me evadas, esta conversación aún no termina.

- Estaré de regreso en dos días. Te amo.

Ya no era evasiva. Ahora más bien ignoraba por completo el tema de su comportamiento extraño y sus episodios de..., es que ni siquiera sé qué era lo que le ocurría. Volvieron a tocar la puerta y pensé que era ella nuevamente pero no..., era la asistente con un enorme arreglo de rosas blancas y rojas.

- Le han enviado esto, señor. ¿Quiere que le ponga agua?

- ¿Quien las ha enviado?

- No tiene remitente, sólo tiene una nota anónima.

- Vale, gracias.

De solo tratarse de rosas blancas y rojas ya tenía una idea de quién se trataba y si..., me resultó incómodo y al mismo tiempo algo en mi interior se alivió. Aitana parecía no darse por vencida; era la primera vez que recibía flores y creo que también era la primera vez que Aitana lograba sorprenderme. No sabía si estaba siendo no solo duro con ella, sino conmigo mismo. Creo que era tarde para arrepentimientos, era tarde para cambiar las cosas, era tarde para decidir hacer lo correcto porque eso implicaba romperle el corazón a una mujer excepcional como lo es Renata. Quizá no fue nuestro momento y nunca lo sería, pero algo dentro de mi me decía que si bien ya pensar en una vida junto a Aitana era imposible, nos debíamos hablar una última vez. Agarré el móvil y con el nervio invadiendome los huesos le marqué. Escuché su voz, esa dulce, delicada y jodida voz que de solo escucharla me reiniciaba la vida.

Sin Amanecer Donde viven las historias. Descúbrelo ahora