69. Reescribir.

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Hasta algo descompuesto funciona una vez al día

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Hasta algo descompuesto funciona una vez al día

—Pasa a buscar tus cosas. No hay nadie en casa.

Cuelga sin decir una palabra. Han pasado dos semanas desde que ha estado conviviendo con Seokjin. Va a casa durante el día cuando no hay nadie sólo para buscar algunas cosas y volver a marcharse. Hoy ha decidido que es momento de buscar un sitio permanente para él. Ha encontrado unas habitaciones cercanas a la universidad en un vecindario tranquilo. Al menos, estará bien por un tiempo mientras el trámite se realiza y ambos acuerdan lo justo. Lo que más le importa a Yoongi es que a Dahae no le falte nada.

Abre la puerta de la casa con cautela, aun así, temeroso de que el fantasma de sus errores se una al del arrepentimiento y le presionen la espalda para no dejarlo salir. Ha estado al borde de arrodillarse y pedir perdón para regresar en más de una ocasión.

—¿Qué haces aquí? —pregunta una voz reconocida.

Gira hacia la entrada de la sala, encontrando a Dahae de pie con el uniforme puesto y una expresión molesta. Es mediodía o poco más.

—Vine a buscar mis cosas —contesta bajando la mirada.

—Ah. Yo salí antes, porque nos cortaron el suministro de agua por una cañería rota.

—Está bien. ¿Le avisaste a tu madre?

—Sé rápido y vete.

No esperaba que Dahae estuviese aquí para verlo así de humillado. Es tan cruel como él, que sabe que estando así de molesta lo disfruta. Él será incapaz de marcharse sin decirle adiós por última vez.

Cuando sus dos maletas están llenas y su lado del armario vacío, ha tenido que limpiar sus mejillas y nariz unas veinte veces. Las lágrimas no quieren dejarlo ir y su corazón bombea tan enfurecido que apenas puede respirar bien.

Dahae se encuentra sentada en la cocina con un plato de cereales, cuando pasa por un vaso de agua. Lo mira de soslayo, pero no dice una palabra hasta que él gira en dirección a la salida tras murmurar un «cuídate mucho, hija» y el «te quiero» arde en su garganta.

—Papá. —Detiene sus pasos de inmediato—. Quiero escucharte.

Gira otra vez hacia ella, sus ojos entristecidos recuperan un brillo particular al instante.

—Si mamá pudo contar su versión, creo que es justo que tú también lo hagas. —Suspira pesado—. Estoy muy molesta con ambos, más contigo, por lo que hiciste, pero... está bien. Es doloroso, pero sé muy bien que en asuntos de pareja yo no tengo por qué involucrarme. E-En fin, así que te escucho si quieres hablar. Será la única oportunidad.

Siempre habla de más. Yoongi evita sonreír, debido a ello. Camina para sentarse frente a Dahae en la barra de la cocina y toma un respiro. Quiere omitir que ha sido una víctima, a pesar de que se siente como tal.

—Sabes que tu madre y yo nos casamos muy jóvenes...

Él apenas tenía diecinueve, ella veintiuno. Ambos con la carga de formar una familia para darle lo mejor a su pequeña niña de cuatro años, ya en ese entonces.

Él fue un niño inmaduro que apenas reconocía sus hormonas cuando todo sucedió. Sunhi estaba ciega por la rebeldía contra sus padres, quienes la encerraban de manera constante. La represión nunca ha sido buena, Yoongi la detesta, por lo que, cuando escuchó al padre de Sunhi decirle al suyo que lo mantuviese alejado, decidió que él haría todo lo contrario. Conoció el placer y apenas pudo disfrutar de él, porque Sunhi un mes más tarde le explicó que no había menstruado cuando correspondía y continuaba sin hacerlo. En pánico, ambos intentaron buscar ayuda, cuya les fue negada por ser menores de edad. Aquel día la enfermera llamó a los padres de Sunhi y todos se enteraron de la verdad. Y a pesar de que los padres de ella quisieron terminar con el asunto por lo sano, los padres de Yoongi no lo permitieron.

Así es como ambos terminan aquí. Pensando en que era la mejor opción y que lo más importante era mantener a Dahae a salvo.

—Te amamos más que a nadie en este mundo, Dahae —continúa, sintiendo el sabor salado de sus lágrimas. Se limpia las mejillas rápidamente—. Lamento no ser el padre perfecto que ama a tu madre de manera incondicional. Sé que no es lo que imaginabas de nosotros; sé que fui un egoísta y les hice daño.

—Supongo que todos idealizamos a nuestros padres. —Dahae se acerca a él y le limpia el rostro con un pañuelo, tocando sus mejillas con delicadeza—. Siempre quieres que ellos se amen para no tener que preocuparte de otros problemas que no sean los tuyos y tener un sitio seguro al cual llegar.

—Los hijos no tienen que preocuparse por la relación de sus padres —aclara con suavidad, tomando el pañuelo de la mano de su hija. Ella vuelve a sentarse—. Mientras seamos buenos padres, debería ser suficiente. La vida como pareja es aparte.

—Lo sé, pero es difícil.

—También soy hijo y lo sé muy bien. Pero, cariño, mi amor por ti jamás será diferente, ¿lo entiendes? No importa donde esté ni qué suceda, siempre voy a amarte.

—¿Y si te casas y formas otra familia? No es gracioso, Min.

—Noventa y nueve por cierto seguro de que eso no ocurrirá jamás. Me aseguré hace años.

Dahae abre la boca con sorpresa. Él se encoge de hombros.

—Tengo una pregunta indiscreta. —Asiente, poco preparado para lo que ella está por indagar—. ¿Es verdad que sales con el amigo del hermano de Unju? Este chico lindo... Hoseok.

Su corazón se rompe por milésima vez y desvía la mirada, porque sabe que se nota a leguas el dolor en su rostro por la simple mención de su nombre. Sólo necesita una cosa a la vez. No Hoseok, no ahora, no hoy.

—Ya no —murmura.

—Pero es cierto.

—Sí —acepta en un suspiro—. Es cierto.

—Que extraño. Conviví de manera casual con él más de una vez. Escuchaba sus conversaciones, porque me parecía lindo. Nunca me hice ilusiones, porque siempre hablaba con sus amigos sobre el hombre con quien salía y todo eso, pero siempre estaba muy triste, ¿sabes? Es muy lindo y siempre estaba triste... por tu culpa. —Entorna la mirada—. Eres cruel, Min.

—No voy a tener esta conversación contigo, Min Dahae -dice entre risas.

Dahae ríe de buen humor y baja de su asiento para acercarse a él. Lo abraza con fuerza, besando su sien, tras una larga y agónica temporada sin dirigirle una mirada.

—Te amo, papá. Espero que puedas ser feliz, no importa con quien.

 Espero que puedas ser feliz, no importa con quien

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Este sábado es el final de Formato Libro. Gracias por acompañarme tanto en este camino.

Formato Libro 📌 yoonseok.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora