Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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El bullicio de la tienda era como una sinfonía caótica pero encantadora: risas, explosiones suaves de artefactos mágicos, niños correteando con narices de cerdo postizas y un escaparate lleno de artefactos que giraban y zumbaban por su cuenta.
Camille caminaba entre los pasillos, admirando todo con una sonrisa sincera. Estaba lejos del dolor de Hogwarts, de las sombras que la acechaban últimamente, y por un momento, podía respirar.
-¿Qué te parece?- preguntó Fred apareciendo a su lado, con una mirada de orgullo y algo de nerviosismo. Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas.
-¿Tu ego o la tienda?- bromeó Camille con una pequeña sonrisa ladeada, Fred soltó una carcajada.
-Ambos, si no es molestia.
-Entonces... diría que la tienda es brillante, muy tú. Y tu ego, bueno... también parece estar en expansión continua.- respondió ella, rodando los ojos con suavidad pero divertida.
Caminaron juntos hacia la trastienda donde el bullicio era menor. Desde allí, se podía observar todo el interior de la tienda a través de un cristal encantado. Harry y Hermione reían frente a unos polvos mágicos que provocaban estornudos incontrolables, mientras Ron hacía malabares torpes con unas pelotas que cambiaban de forma cada segundo.
-¿Sabes?- murmuró Fred, recargando los codos sobre la baranda.- Cuando George y yo planeábamos esto... nunca pensé que verías esto en persona. Mucho menos que estarías aquí conmigo, hablando así, como si todo fuera normal.- Camille guardó silencio por unos segundos, observando las luces danzantes del techo y el ambiente cargado de bromas.
-Supongo que todos deseamos momentos como este. Donde todo parece... posible. Pero Fred...- lo miró, con los ojos brillantes pero serenos.- No quería que confundieras las cosas.- Fred giró hacia ella, su sonrisa aún en los labios, aunque más tenue.
-¿Por lo que te dije con Umbridge?- preguntó, intentando aligerar el ambiente, pero su voz llevaba un deje de vulnerabilidad que no logró disimular.
-Sí.- respondió ella con honestidad, bajando la vista un momento.- Fue dulce, extraño, algo impulsivo... muy tú. Y me hizo sentir importante en un momento horrible. Pero Fred, yo te quiero. Mucho. Eres una de las pocas personas que me hace reír incluso cuando todo va mal... pero no puedo corresponder eso como tú quieres.- Fred respiró hondo, asintiendo, mirando al frente.
-Lo sé. George ya me lo insinuó... de una forma nada sutil.- rió suavemente, aunque su mirada se tornó más seria.- Solo tenía que escucharlo de ti. Y, por raro que suene, estoy bien con eso. Quiero seguir estando para ti, aunque sea solo como el hermano Weasley con más estilo.- Camille soltó una risa breve, genuina, y le dio un pequeño empujón en el hombro.