Capítulo 29

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La sala común de Slytherin ya no olía a poder ni a orgullo. Solo quedaba el rastro amargo del silencio, impregnado del eco de lo que Camille Potter había dejado atrás: decepción, dolor... y una grieta irreversible.

Tom se sentó en uno de los sillones más oscuros, sin mirarle a nadie, con los dedos entrelazados y la mirada fija en las llamas que danzaban sin sentido en la chimenea. Mattheo caminaba de un lado a otro como un león encerrado, jadeando, el rostro marcado por la bofetada que no dolía tanto como el vacío en su pecho.

-¿Qué acabamos de hacer...?- escupió finalmente Mattheo con voz ronca. No hubo rabia en sus palabras, solo incredulidad. Tom no respondió.- ¡Mírame, joder!- rugió Mattheo, lanzando una copa contra la pared.- ¡La destrozamos! ¡Tú y yo! ¡Por una puta apuesta!

Las últimas palabras dolieron incluso al pronunciarlas. Draco y Blaise, en la distancia, no decían nada. Sabían que esto no les correspondía. Sabían, incluso antes de que Mattheo y Tom lo aceptaran, que Camille no fue solo un peón para ellos. Fue algo más. Lo fue todo.

-No era parte del plan que se metiera tan dentro.- masculló Tom finalmente, sin apartar la vista del fuego.

-¿Y eso qué importa ahora?- Mattheo se pasó las manos por el cabello, desesperado.- ¡Tom, no solo era una apuesta! ¡Yo... yo la amo, maldita sea!- el silencio cayó de golpe, Tom giró lentamente el rostro hacia su hermano.

-¿Tú también...?- murmuró. No fue una acusación. Fue una confesión disfrazada. Mattheo lo miró, los ojos inyectados de rabia y lágrimas contenidas.

-¿También? ¿No vas a negarlo, entonces?- Tom cerró los ojos, por un instante. La imagen de Camille cruzó su mente: sonriendo con la cabeza recostada sobre su pecho, preguntándole cosas mientras él le leía en su escondite, mirándolo como si no existiera nadie más. Y por primera vez... el frío habitual que lo mantenía al margen se derrumbó.

-No puedo dejar de pensar en ella.- murmura apenas, como si esa verdad le pesara en el pecho.- Ni por un segundo.

-Entonces somos dos idiotas.- Mattheo rió, roto, sin alegría.- Dos cobardes que se escondieron detrás de un plan de mierda para no aceptar que cayeron rendidos por una Gryffindor.

-Por ella. No por cualquiera. Por Camille.- corrigió Tom, su tono más firme esta vez. El silencio volvió a caer, más denso, más incómodo.

-Nos odia...- susurró Mattheo, como si solo en voz alta pudiera empezar a creérselo.- ¿Le viste su cara? Estaba rota. Por dentro. Y nosotros la rompimos.- Tom apretó los puños.

-Nos lo merecemos.

-Yo no puedo vivir con esto, Tom.- masculla Mattheo, su voz quebrándose por fin.- No puedo vivir sabiendo que lo arruiné... con ella. Que fue real. Que cuando me besaba no era un juego. Que cuando sonreía y me decía que se sentía segura conmigo... lo decía de verdad. ¡¿Y ahora qué nos queda?! ¡Nada!- Tom se levantó finalmente, sus ojos más oscuros que nunca.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora