Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Las antorchas del pasillo parpadeaban con fuerza, y Mattheo apretaba la nota arrugada en su mano como si al hacerlo pudiera descifrar el verdadero significado detrás de aquellas palabras: "Esta noche. Es importante. Confía en mí."
El problema no era el mensaje. El problema era el lugar. Camille no había sido clara. No había dado un sitio exacto.
Mattheo frunció el ceño mientras recorría los pasillos del séptimo piso. Había algo en su pecho que ardía, una mezcla de ansiedad y esperanza. No la había visto desde que Harry Potter casi se lanza encima de él, desde que Ron y Hermione tuvieron que sostenerlo como si fuese un animal salvaje. No la había visto desde el beso en el lago. Desde que ella le habló de lo importante que era para ella.
¿Dónde demonios estás, Camille?
Pasó una, dos, tres veces por el corredor frente al tapiz de Barnabas el Chiflado. Algo vibraba en ese sitio. Como si el aire mismo susurrara el nombre de Camille. Y entonces lo vio.
Una puerta. Que antes no estaba. Una parte de él dudó. Pero la otra, la parte que se aferraba a esa conexión invisible con Camille, empujó sin pensarlo, una sala se abrió ante él.
Mattheo entró. No había estado allí nunca, pero lo supo apenas lo vio: ese era su lugar. Su refugio. El de ella. El olor a libros antiguos, las mantas en el sofá, el rincón donde las velas flotaban, tenues. Y sobre la mesa, una nota. No era la suya. Era otra. Misma caligrafía. Misma esencia.
"Esta noche. Es importante." su garganta se apretó. No era el único citado.
-¿Qué demonios...?- la puerta volvió a abrirse.
Tom
No había pasado el día de buen humor. Camille no apareció. No en las clases. No en los pasillos. No en sus puntos de encuentro secretos. Harry lo miraba como si su sola existencia fuera una traición, y eso era lo de menos. Lo que importaba era que no sabía dónde estaba Camille. Hasta que encontró la nota en su mesita privada en la biblioteca encantada.
"Esta noche. Es importante. Donde tú sabes."
El corazón de Tom, que rara vez se alteraba, golpeó con fuerza. Y allí estaba. El tapiz. Las vueltas. La puerta. Entró sin vacilar. Con la mandíbula tensa. Y al cruzar, la vio. No a Camille.
Sino a Mattheo. Ambos se miraron como si algo en el universo se hubiera fracturado. Mattheo sostenía la nota. Tom lo entendió de inmediato. Dos notas. Dos destinos. Una chica.
-Así que...- empezó Tom, con voz grave.- No soy el único que recibió el mensaje.- Mattheo dejó la nota sobre la mesa, sin romper la mirada.
-Y tú sabes exactamente qué es este lugar. Ella nunca me lo mostró.- Tom asintió. Hubo una pausa pesada, densa.- Eso cambia muchas cosas.- musitó Mattheo.