Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El traqueteo constante del Expreso de Hogwarts llenaba el vagón con un ritmo hipnótico, mientras las nubes pálidas se deslizaban veloces por la ventana. Camille estaba sentada junto a la ventanilla, con la frente apoyada en el vidrio, dejando que el leve golpeteo del cristal la distrajera. El cielo era de un gris otoñal, anticipando la llegada de un curso que, aunque nuevo, ya se sentía como una extensión de las heridas del verano.
Detrás de ella, en el compartimiento, el grupo hablaba con entusiasmo contenido. Harry, de pie, gesticulaba mientras contaba lo que él, Ron y Hermione habían presenciado en el Callejón Knockturn semanas antes.
-Te digo que no era una simple compra.- decía Harry, su voz cargada de tensión.- Draco y su madre estaban hablando con Borgin... y ella lo miraba como si fuera la única persona que importaba. Como si le estuviera encomendando algo.
-Eso no prueba nada.- intervino Hermione, su tono sereno pero firme. Sentada con las piernas cruzadas, hojeaba un libro sin realmente leerlo.- La madre de Draco siempre ha sido sobreprotectora. Puede que estén pasando por algo y simplemente no quieran llamar la atención del Ministerio.
-¿Algo?- repitió Ron con escepticismo.- ¡Vamos, Hermione! Draco estaba más pálido que un inferi. Y tú viste cómo Borgin reaccionó.
-Sí, lo vi.- respondió ella, mirando por encima del libro, con una expresión meditada.- Pero no todo el que entra al Callejón Knockturn está tramando algo oscuro. A veces... solo buscan protección.
Camille apartó la vista del vidrio un instante, fijándola en Hermione. No dijo nada, pero la observó con curiosidad. No era la primera vez que notaba cierta... suavidad en su voz cuando hablaba de Draco. No era evidente, pero ella conocía demasiado bien los matices del lenguaje no dicho.
-¿Lo estás defendiendo?- Harry, sin captar la insinuación, frunció el ceño.
-No. Solo digo que no podemos asegurar nada sin pruebas. No podemos jugar al auror con todo lo que se mueve.
Camille volvió a mirar al exterior, pero sus pensamientos seguían en Hermione. Había una tensión distinta en el aire... una disonancia que solo alguien atento podía notar.
Y aunque ella no tenía respuestas aún, algo en el modo en que Hermione apartó la vista al sentir sus ojos, algo en el rubor leve que se le escapó... le dijo a Camille que su intuición no estaba del todo equivocada.
El tren seguía su curso, llevando consigo secretos, miradas no correspondidas y heridas abiertas que el castillo no lograría curar del todo.
Hubo silencio hasta que Harry salió del compartimiento con un portazo algo más fuerte de lo necesario, los cristales vibrando ligeramente con el impacto. Camille alzó una ceja, pero no se inmutó. Ron, sin demasiadas ganas de meterse en discusiones, se levantó de su asiento con un suspiro.