Capitulo 52

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Desde el rincón más reservado de la sala de los menesteres, cubierto con encantamientos sutiles para mantener alejados a los curiosos, Tom Riddle se mantenía estoico, copa en mano, pero su mirada no engañaba a nadie. O al menos, no a los que sabían mirar.

Camille.

Era un incendio envuelto en elegancia. La caída perfecta del vestido que no era ni azul ni verde, pero que lograba resaltar cada matiz de su cabello rojizo y esos ojos verdes que parecían prenderse fuego cada vez que sus miradas se cruzaban.

Y en ese momento, mientras ella hablaba con Ginny y Luna, él la miraba como si fuera un recuerdo que se negaba a desaparecer. Una sombra se deslizó a su lado, arrastrando una fragancia demasiado conocida.

Eris.

-Sabía que tú sabrías cómo llevar un traje.- dice su voz grave y suave, mientras sus dedos apenas rozaban el brazo de Tom.- Aunque tengo que admitir que pensé que me mirarías así... no a ella.

Tom no desvió la vista de Camille. No necesitaba hacerlo. Sabía que Eris lo observaba, que su cercanía no era inocente, que cada palabra estaba medida para tentar, provocar o arrinconar. Eris se adelantó, colocándose frente a él. Su vestido negro profundo delineaba su figura como una amenaza elegante, y su máscara solo dejaba ver la ferocidad de sus ojos.

-¿Por qué no bailas?- preguntó, arrimándose con intención.

-No vine a eso.

-¿Y a qué viniste, Tom? ¿A mirar? ¿A recordar? ¿A castigar?

Del otro lado de la sala, Camille rió por algo que Luna le susurró al oído... pero su mirada se alzó por instinto. Y la vio. Vio a Eris demasiado cerca de Tom. Vio cómo ella se inclinaba, cómo hablaba con esa sonrisa afilada. Y aunque no pudo oír nada, no necesitó palabras para que el nudo en su estómago se apretara. Lo malinterpretó. Y ese malentendido fue como un latigazo a su orgullo... y a algo más profundo.

-Voy a buscar las bebidas.- suelta Camille bruscamente, interrumpiendo la charla de sus amigas.

-¿Las que dejaron los gemelos? ¿En el cuarto al fondo?- preguntó Ginny, levantando una ceja, Camille asintió.

-Sí. Necesito... aire. Y algo frío.- nadie insistió. Aunque Luna intercambió una mirada rápida con Theo, como si lo hubiese presentido. Camille giró sobre sus tacones, su vestido ondeando como una llama viva, avanzo entre la multitud con paso firme, pero por dentro sentía un temblor en aumento. Tom la había estado mirando. Lo sabía. Lo había sentido.

¿Y ahora... estaba con ella? ¿Con Eris?

Detrás de su máscara, Camille volvió a poner la suya más antigua: la del control, la indiferencia. Pero por dentro, algo empezaba a romperse otra vez. Tom no necesitaba girarse para saberlo. El aroma cambió. La habitación, llena de música, risas, cuerpos que danzaban bajo la luz suave de los hechizos flotantes, ya no tenía el mismo equilibrio. Camille ya no estaba. La percibía, incluso cuando intentaba convencerse de lo contrario, sus pasos habían cesado. Su esencia se había desvanecido. Y lo supo.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora