Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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El aula de Encantamientos olía a pergamino viejo y a humo de velas, las paredes de piedra se habían templado por el calor que se acumulaba desde temprano, y un leve zumbido de conversación llenaba el aire mientras los alumnos tomaban asiento.
Camille llegó con Hermione, riéndose aún de un comentario que Ron había hecho en el desayuno. Su bolso colgaba de un hombro, lleno hasta reventar de libros, y sus rizos rojizos caían libres alrededor de su rostro mientras buscaba un lugar entre las primeras filas.
-Allí.- dice Hermione, señalando un par de sitios vacíos.- Lejos de Malfoy, por favor.
Camille sonrió con complicidad, pero sus ojos se deslizaron instintivamente hacia el rincón donde se encontraban Tom y Mattheo. A pesar de la distancia, los dos parecían una sombra indivisible, una extensión de Slytherin en su forma más pura, fríos, elegantes e inaccesibles.
Y entonces, llegó Eris.
Entró al aula con la misma gracia con la que había caminado por el Gran Comedor la noche anterior, pero ahora con una sonrisa que parecía más estudiada que natural. Llevaba el uniforme de Hogwarts, perfectamente ajustado, y su varita larga de ébano descansaba entre los dedos como si fuera una extensión de su voluntad.
Sus ojos recorrieron el aula con calma depredadora... hasta detenerse en Camille. Un brillo distinto cruzó su mirada, como si la presencia de Camille destacara en una sala llena de ruido.bY se acercó.
-¿Puedo sentarme aquí?- preguntó con voz amable, señalando el asiento vacío junto a ella. Hermione levantó una ceja, Camille apenas la miró y en sus labios, una sonrisa afilada se curvó con lentitud.
-Si no te molesta estar al lado de una Gryffindor, adelante.- la frase estaba dicha con cortesía, pero cargada de plomo. Eris captó el tono sutil, hostil y encantadoramente desagradable.
-Claro que no.- respondió, sentándose sin perder su sonrisa.- Durmstrang era todo menos amistoso. Hogwarts parece... refrescante.- Camille no respondió. Se limitó a abrir su libro y comenzar a anotar algo en su pergamino, la conversación había sido cerrada antes de empezar.
En el rincón de Slytherin, Tom y Mattheo observaron la escena con una neutralidad perfecta, pero por dentro, algo se movió. Ella la estaba rechazando. Sin saber por qué, sin conocer el pasado, Camille había dibujado una línea invisible entre ellas. Una línea que Eris no cruzaría con facilidad.
Tom sostuvo la mirada sobre Camille unos segundos más de lo necesario, había algo reconfortante, e irónico, en que esa chica que destruyó por sus absurdos juegos de ego, ahora se convirtiera en un muro que ni Eris podía escalar sin esfuerzo. Mattheo, con los brazos cruzados, apenas permitió que una esquina de su boca se curvara en una sonrisa imperceptible.