Capitulo 50

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La habitación estaba sumida en un extraño orden. Demasiado orden. Los libros en las estanterías perfectamente alineados. Las cortinas corridas dejando pasar la última luz dorada del atardecer. La ropa cuidadosamente dispuesta sobre las camas: elegancia oscura, máscaras sobrias, detalles en plata y negro.

Pero la calma no era real.
No allí.
No entre ellos.

Mattheo se encontraba sentado en el alféizar, encendiendo un cigarro mágico, aunque no lo fumaba, solo lo dejaba consumirse en sus dedos, con la mirada clavada en el lago. El reflejo de las aguas teñía de azul su rostro, haciendo que sus pensamientos parecieran más oscuros de lo habitual.

Tom, de pie frente al espejo, ajustaba lentamente el nudo de su camisa negra. Sus movimientos eran precisos, casi rituales, pero su mandíbula estaba tensa. Cada gesto medido, contenido. Parecía no mirarse a sí mismo, sino más allá, como si la imagen en el espejo no fuera la suya, sino la de alguien más.

-No tienes que ir si no quieres.- dice Mattheo de pronto, sin girarse. Tom no respondió al instante, terminó de colocarse la chaqueta, y luego apoyó ambas manos en el tocador, bajando la cabeza apenas.

-Sí, tengo que ir.

-¿Por ella?- pero Tom no respondió, Mattheo bufó, y al fin se levantó.

Caminó hasta el armario, sacó su propia chaqueta, verde oscuro, con detalles de cuero negro, y comenzó a vestirse sin más comentarios. Pero ambos sabían lo que no se decía. Que Camille estaría allí. Que Eris también. Que cada palabra, cada mirada, cada mínimo roce tendría el peso de lo que fue y lo que aún no se atrevían a admitir. El clic de la puerta interrumpió el silencio.

-¿Listos?- Draco apareció en el umbral, impecable en un traje negro con una máscara pálida de ángel caído. Su tono era desenfadado, pero sus ojos iban directo a Tom.- Porque yo diría que esta noche... va a ser interesante.- Mattheo se giró lentamente, alzando una ceja.

-¿Qué sabes que no sepamos?- Draco sonrió con diversión... y un matiz de advertencia.

-Solo que Camille no es la única que planea robarse las miradas. Y que Eris, con esa obsesión que disfraza tan mal, va a hacer algo. No sé qué. Pero lo hará.- Tom alzó la mirada al espejo. Su reflejo lo observaba con la misma frialdad que él usaba para protegerse del mundo. Pero debajo... se movía algo más.

-Que lo intente.- responde apenas un susurro. Draco se apoyó contra el marco de la puerta.

-Sabes que si toca a Camille...

-No lo hará.- respondió Tom con firmeza glacial, Mattheo ajustó su máscara a un lado de la cabeza, sin ponérsela aún.

-¿Y si ella nos toca primero?

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora