Capítulo 23

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La Sala de los Menesteres respiraba magia viva

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La Sala de los Menesteres respiraba magia viva. El aire vibraba con energía mientras los miembros del Ejército de Dumbledore se alineaban, nerviosos pero decididos. Harry caminaba entre ellos, dando indicaciones con voz firme. Era la noche en que aprenderían a conjurar el Encantamiento Patronus.

-Recuerden.- indica Harry.- Necesitan un recuerdo feliz. Uno poderoso. No algo bonito, algo que los mueva por dentro. El patronus es la luz contra la oscuridad.

Camille tenía la varita en alto, la mirada fija al frente. Fred le sonrió desde unos pasos más allá, y Hermione le dio un apretón de ánimo en el brazo. Pero Camille apenas los sintió. Su mente estaba muy lejos.

Un recuerdo feliz.

Cerró los ojos.

Primero vinieron las risas de Harry, cuando eran niños y fingían que los muebles eran dragones. Luego, las tardes con Hermione, compartiendo secretos en voz baja mientras Neville se quedaba dormido en el fondo de la biblioteca. Más recientes: las bromas con Fred y George, una noche de invierno en la Torre de Gryffindor, una guerra de almohadas. Todo cálido, seguro... feliz.

Pero algo más irrumpió.

Una mirada intensa en medio de la oscuridad.
Manos temblorosas entrelazadas por primera vez.
Un beso robado y uno que nunca se quiso terminar.

Mattheo. Tom.

Sus nombres se colaron sin permiso, ardiendo en su pecho. Camille sintió cómo su magia respondía. Su corazón palpitaba con fuerza, su varita tembló... y entonces lo dijo.

-Expecto Patronum.

Un destello plateado explotó desde la punta de su varita. Una figura brillante galopó frente a ella, corriendo con fuerza. Era un ciervo plateado, esbelto y majestuoso, que brillaba como un faro en la penumbra. Los demás se detuvieron a mirar, asombrados.

-¡Lo hiciste!- gritó Harry, eufórico.- ¡Camille, eso fue increíble!

Ella sonrió, jadeando, con los ojos brillantes por el esfuerzo... y algo más. Una certeza. Su luz interior no se limitaba al pasado, sino a todo lo que había vivido últimamente. Incluso lo confuso, lo doloroso, lo prohibido. Y justo en ese momento...

¡Bang! La puerta de la Sala explotó hacia dentro.

-¡Alto ahí!- gritó una voz chillona.- ¡Están todos en problemas!

Dolores Umbridge apareció escoltada por la Brigada Inquisitorial, que se desparramó en el lugar como un enjambre oscuro. Draco Malfoy iba al frente, con su varita en alto, acompañado de varios rostros conocidos de Slytherin. Hermione dio un paso al frente.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora