Capitulo 36

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Hermione salió de la sala común con pasos decididos, pero con el corazón acelerado. Sabía que lo que estaba a punto de hacer no sería fácil, pero no podía quedarse de brazos cruzados mientras Camille desaparecía y nadie parecía moverse. Hermione caminaba con paso firme, aunque el corazón le latía con fuerza en el pecho. No había señales de Camille desde esa mañana. Ni en la biblioteca, ni en el comedor, ni siquiera en los pasillos que solía frecuentar. Algo no estaba bien.

Entonces, al girar una esquina, lo vio. Draco Malfoy estaba allí, recostado con aparente calma contra la pared, su túnica perfectamente abotonada, los ojos posándose sobre ella apenas la vio acercarse. Pero esta vez no había burla en su expresión. Solo cierta cautela.

-Granger.- murmuró sin frialdad, aunque su tono aún conservaba su habitual mesura.

-Malfoy.- respondió ella con un leve asentimiento. Se detuvo frente a él, respirando hondo.- Necesito que me lleves con los Riddle.- Draco la miró fijamente. No había ironía en sus ojos esta vez, solo una pregunta muda, ella continuó.- Camille desapareció. No está en ningún sitio. Estoy segura de que algo pasó... y no puedo perder tiempo buscando sola. Si hay alguien que pueda ayudarme, son ellos. Y tú puedes llevarme.- Draco bajó ligeramente la mirada, procesando la urgencia en sus palabras. Cuando volvió a mirarla, sus ojos tenían un brillo más serio.

-¿Estás segura de que no es solo otro de sus arranques?

-Camille puede ser muchas cosas, pero siempre aparece para las clases de Pociones.- responde Hermione, con voz tensa.- Hoy no lo hizo. Ni para el almuerzo. Y su cama está intacta desde anoche.- Draco la observó un instante más, luego asintió, casi imperceptiblemente.

-Está bien. Ven conmigo.- con un movimiento ágil, sacó su varita y tocó la piedra del muro más cercano. Unos segundos después, un pasadizo se abrió y los envolvió en un murmullo de magia antigua. En un parpadeo, estaban dentro de la sala común de Slytherin.

El ambiente era oscuro y elegante, y frente a la chimenea encendida, sentados con expresión seria, estaban Tom y Mattheo Riddle. Los ojos de ambos se alzaron al verlos entrar. La tensión se hizo inmediata. Pero Draco no la soltó. No la dejó sola.

-Tenemos un problema.- anunció con voz firme.- Y va más allá de nuestras diferencias.

-¿Qué quieres, Granger?- preguntó Tom con un tono frío, mientras Mattheo se levantaba, acercándose con una mirada dura, intimidante.

-Está desaparecida. Camille.- suelta Hermione, con voz firme.- Nadie la encuentra. Y creo que en parte, ustedes también tienen responsabilidad en lo que le está pasando.- Mattheo frunció el ceño, sus puños apretados.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora