Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
-No soy la que está rompiendo las reglas esta vez.- dice Tom con firmeza.
Camille la observó un segundo más, su rostro apenas tocado por la luz de los pasillos. Tom esperaba que ella huyera, como lo hacía siempre. Pero Camille no se movió. Al contrario.
-No me voy sin ti.- añadió con una seguridad que no creía tener.
Y antes de que Tom pudiera decir algo, lo tomó de la mano. Él no se resistió. Solo sintió el calor de su piel, la urgencia en sus dedos, y algo dentro de él , algo inconfesable, se rindió.
Camille echó a correr, jalándolo con ella. Tom la siguió sin cuestionar, sorprendido por la determinación en su paso, por la forma en que ella conocía cada rincón de los pasillos como si hubiera sido parte de ellos toda su vida.
Doblaron una esquina, bajaron una escalera escondida tras un tapiz polvoriento, cruzaron un pasillo que parecía no tener salida... hasta que Camille sacó su varita y susurró:
-Cor leonis.
Un fragmento de la pared se desplazó, revelando una entrada angosta y silenciosa. Camille entró primero. Tom la siguió, cruzando el umbral con una mezcla de suspicacia y curiosidad.
Cuando la piedra se cerró detrás de ellos, Tom se encontró en una habitación circular, pequeña, con un techo encantado que mostraba un cielo nocturno estrellado. Había cojines esparcidos por el suelo, libros abiertos, una vieja radio mágica flotando en una esquina y una manta color granate sobre un sofá deshilachado.
Todo olía a canela, a pergamino y a madera vieja. Tom la miró, sin disimular su sorpresa.
-¿Qué es este sitio?- Camille respiró hondo, aún con el corazón acelerado.
-Un escondite. Tío Sirius me lo mostró hace un par de años... Me dijo que fue uno de los lugares secretos de los Merodeadores. Solo ellos sabían cómo entrar. Y ahora... solo yo.- Tom dio un par de pasos, mirando a su alrededor con atención. Tocó los bordes de una estantería llena de anotaciones hechas a mano, bocetos, garabatos.
-Muy... Gryffindor.- comentó, pero sin sarcasmo.
-Sí.- susurra Camille con una leve sonrisa.- Es un lugar al que vengo cuando quiero estar sola. Cuando no sabía quién era, o cuando todo parecía demasiado.
Tom giró para verla, sus ojos capturándola de nuevo. No dijo nada. Solo la miraba, como si intentara descifrar algo en su rostro. Camille se encogió de hombros, incómoda por primera vez.