Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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El comedor estaba iluminado por candelabros flotantes que lanzaban destellos dorados sobre la mesa de roble largo. El ambiente era cálido, perfumado de flores secas y manzanas cocidas. Una pausa inesperada en el huracán que era su mundo.
Tom estaba sentado a la izquierda de Narcissa, con su porte erguido y sus dedos entrelazados sobre el regazo. Mattheo, más relajado, jugaba distraídamente con su copa de vino tinto, la mirada baja, las emociones ocultas tras su fachada habitual. Draco, frente a su madre, se veía más joven, más humano.
Narcissa los observó a los tres como una madre que ya no espera tener hijos nuevos, pero sí cuidar de los caídos en su camino.
-He pedido alfos para la cena. No hay necesidad de castigar el estómago cuando el alma ya lleva suficientes cicatrices.- habla con suavidad, sirviendo té para los tres, Mattheo alzó la vista, medio sonriendo.
-¿Eso fue un consejo o una advertencia?
-Un poco de ambos.- respondió Narcissa con una sonrisa lánguida. Draco soltó una risita breve. Tom solo la miró, agradecido en silencio por ese respiro.
Los platos llegaron en silencio: pan caliente, carne asada con hierbas, vegetales tiernos. Comenzaron a comer, sin necesidad de llenar el aire con palabras. Hasta que Narcissa habló, con la voz baja, como si invocara fantasmas.
-Hay cosas del pasado que deben dejarse donde están. Especialmente aquellas que arrastran sombras que susurran en la oscuridad.- Tom giró levemente la cabeza hacia ella.
-¿Como la chica de Durmstrang?- un silencio denso cayó sobre la mesa. Mattheo tensó la mandíbula, Narcissa asintió con lentitud.
-Una llama muy brillante, muy fugaz... y muy peligrosa. Esa desquiciada no merece espacio en sus pensamientos.- su voz no tenía odio, sino una tristeza velada, casi compasiva.- No todas las heridas se curan con tiempo. Algunas solo se cubren con nuevas decisiones.- Mattheo tragó, bajando la vista a su plato. La imagen de sangre y risas rotas aún lo perseguía en sueños.- Tom, sin embargo, murmuró.
-A veces, el pasado no se queda en el pasado.- Narcissa lo miró con ternura, y por un instante fue como si mirara a su hermana perdida.
-Tú eres lo que elegiste ser después de él.- Draco carraspeó. Su rostro tenía un leve tinte sonrojado, poco habitual.
-Y si... alguien eligiera ver diferente... algo que antes no quería ver.- replica con torpeza, como tanteando terreno invisible, Mattheo alzó una ceja con sorna.
-¿Filosofando ahora, Malfoy?- Draco lo ignoró, mirando su copa. Narcissa lo observó con un brillo sutil en los ojos. Ella sabía. Las madres siempre saben. Pero no lo presionó.