Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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El crepitar del fuego llenaba la sala común de Gryffindor con un ritmo acogedor. Fuera, la noche había caído con una neblina ligera que suavizaba las torres del castillo. Dentro, el calor era reconfortante, salpicado por las voces de los estudiantes que disfrutaban del primer descanso tras una jornada agotadora.
Camille estaba sentada en una de las alfombras frente al fuego, con las piernas cruzadas, el cabello recogido en un moño suelto que dejaba escapar algunos mechones rojizos. Tenía un pergamino extendido frente a ella, en el que dibujaba con trazos distraídos.
Hermione hojeaba un libro en un sillón cercano, Harry y Ron discutían entre risas una jugada de ajedrez mágico y Ginny acababa de entrar con un par de galletas en la mano.
-Por cierto.- habla Ginny, mirando a Camille mientras se dejaba caer junto a ella.- ¿Qué va a pasar con la fiesta de bienvenida este año? Los gemelos ya no están para organizarla... y bueno, todos sabemos que tú eras su cómplice preferida.- Camille soltó una risa baja, ladeando el rostro hacia Ginny.
-¿"Cómplice"? Yo solo decoraba.- respondió con modestia, aunque en sus ojos brilló la chispa de un recuerdo feliz.
-Sí, sí. "Solo decoraba"- se burló Ron desde el sillón.- El año pasado colgaste un dragón flotante del techo que escupía confeti. Literalmente.
-Era un detalle estético.- replica Camille, encogiéndose de hombros.
-Vamos, Cami.- intervino Hermione, cerrando su libro.- Sabes que eres la única con la cabeza y el gusto para organizar algo así sin que terminemos todos castigados.- Harry asintió.
-Y nosotros te ayudamos. En serio.
-¿De verdad?- preguntó Camille, sorprendida pero sonriendo. La sonrisa que se le dibujó fue real, luminosa. Hacía tiempo que no se sentía útil por una razón que no implicara drama, traiciones o el peso de heridas mal cicatrizadas. Ginny se inclinó hacia ella, entusiasmada.