Capítulo 1 (2ª parte)

480 19 3
                                        

Capítulo 1

Maia

¿Por qué este día podía ser diferente a los otros? ¿Qué señales había recibido que me indicaron que de repente las cosas iban a empezar a mejorar? Ninguna, por ello es que no tenía fe que las cosas iban a encaminarse.

Camino a la escuela, todo era similar, como siempre me encontraba con Wendy y Ulises faltando exactamente seis cuadras para llegar colegio. Las charlas que se daban también eran iguales. Opté por no participar o solo contestar con monosílabos. Aunque Wendy seguía ignorándome, aún estaba molesta conmigo.

Ellos parecían haberse acostumbrado a mi nueva forma, a mi nuevo estilo de vida, a todo lo distinto en mí. El único que no lograba hacer eso era yo mismo.

* * *

Sin que lo supiera, aquel día mi vida daría un nuevo giro. Pero créanme que a partir de ese instante el estar como mujer no me parecería algo tan malo.

Había un cambio de actitud en uno de mis compañeros, no era Dardo que desde que admitiera mi cambio ya no me observaba con resentimiento. Tampoco era Mario que siempre me observaba de forma libidinosa y cada vez que pasaba cerca mío me decía alguna grosería.

Quien cambio de actitud era quien menos me lo esperaba, pero quien más deseaba: Florencia.

Cuando íbamos camino a la escuela, la encontramos parada observándonos con una sonrisa. Nos explicó que nos había visto a la distancia y se quedó aguardando por nosotros. Lo cual me resultó raro porque jamás la habíamos encontrado y mucho menos se había interesado en compartir tiempo con nosotros.

¿Algo más raro que eso? En las tres cuadras que compartimos prácticamente no habló con otra persona que no fuera yo. Se mostraba amable, agradable, graciosa, como jamás la había visto, como jamás había sido conmigo o por lo menos con mi otro yo. Desde luego que no me molestaba, todo lo contrario, me agradaba. Aunque en ese momento creí que solo estaba siendo condescendiente conmigo por ser la "nueva" de la escuela. Por muy patético que pueda sonar, en esas cuadras hablé más que los tres años que llevábamos como compañeros.

En el resto del día la situación continuó similar, en los recreos se me acercó, y siguió con la charla, como si fuésemos amigos de toda la vida.

La situación me desconcertaba, aunque admito que me hacía feliz, y por primera vez en mucho tiempo olvidé, por unos instantes, mis problemas. Pronto, poco a poco, todo comenzaría a tener sentido.

* * *

–¡Wendy, espera! –llamé a mi amiga mientras corría detrás de ella.

–¿Qué? –preguntó despectivamente y mirándome por encima de su hombro.

–Nada, siempre volvemos juntos. Tocó el timbre de salida y no me diste tiempo, casi saliste muy rápido –llegué a su lado agitado.

–Pensé que volverías con Florencia, ya que son tan buenas amigas –resaltó la última palabra.

Cuando Wendy quería era muy sarcástica. A la molestia que tenía conmigo, ahora se le agregaba que le molestaba mi nueva cercanía a Florencia.

–Wen, lo siento ¿sí? Estaba teniendo un mal día.

–Bien, perdonado –dijo sin sentirlo realmente.

–Wen, sé que no estas siendo sincera.

–No, no lo soy.

–¿Qué tengo que hacer para que me perdones?

Largó un largo suspiro, aflojó su semblante y me observó durante unos segundos en silencio.

–No es que esté realmente enojada Nad, o al menos ya no. Lo que pasa es... no importa –Negó con la cabeza.

–¿Qué es?

–¿Por qué crees vos que Florencia cambió de actitud?

–No sé –Me encogí de hombros.

–Yo pienso que quizás... a ella le agrada tu nueva imagen.

–¿Qué? No, eso es ridículo. Solo está siendo amable.

–Tal vez –seguía caminado y miraba hacia adelante como si estuviera pensativa –. Pero y ¿si no es así?

–No te entiendo.

Se detuvo y me hizo pararme a mí.

–A lo que me refiero es que suponiendo que Florencia le agrades como sos ahora, y tuvieras la posibilidad de volver a la normalidad ¿Qué harías?

Reí nervioso, como si fuera obvio cual era la respuesta. Sin embargo, cuando tomé conciencia de lo dicho, no pudo esbozar palabra.

–Eso es lo que me molesta, Maia –volvió a su tono sarcástica, pero también había tristeza.

Maia miaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora