Capítulo XV

185 29 10
                                        

El avance de Mikasa comenzaba a perder poco a poco su osadía, sintiéndose cada vez menos envalentonada a seguir al extraño personaje al que, horas antes, había atacado y que, ahora, se mostraba tan resolutivo, invitándola a acompañarlo para una "n...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

El avance de Mikasa comenzaba a perder poco a poco su osadía, sintiéndose cada vez menos envalentonada a seguir al extraño personaje al que, horas antes, había atacado y que, ahora, se mostraba tan resolutivo, invitándola a acompañarlo para una "nueva lección" en este pactado "compañerismo". Además, el caminar hacia el oscuro y húmedo sótano que fungía como estacionamiento dentro del edificio empresarial, no estaba ayudando a que su confianza aflorara.

—Necesito que definas tu concepto de "diversión", —dijo la mujer de manera repentina, intentando romper el silencio sepulcral que los rodeaba a ambos, —porque, en todo el tiempo que te he visto, no has mostrado una sola mueca o tic nervioso que pueda considerarse como una sonrisa. —Añadió, recordando que, las únicas veces en las que lo había visto actuar de manera cordial y un tanto más humano, había sido durante los intercambios verbales con su padre.

—Mira, Míkasa, —Levi se giró para encararla, pronunciando erróneamente su nombre, acentuando la primera sílaba de este, —no estoy planeando asesinarte, secuestrarte o cualquier otra estupidez alarmista que esté pasando por tu mente en este momento. Y, si mi intención fuera hacer algo así, no me ensuciaría las manos...

—Eso me tranquiliza un poco más...

—...porque le pagaría a alguien más para que se hiciera cargo.

—...y esa segunda parte acaba de mandar al caño mi tranquilidad. —Bufó en silencio. —Bien, entiendo que no estás planeando nada raro, pero, ¿podrías decirme al menos a dónde vamos? Y, por cierto, mi nombre es Mikasa.

—Bueno, Mikasa, —corrigió, imitando su tono anterior, —vamos a un centro de deportes extremos.

—¿Deportes extremos? —Se quejó ella, alarmada. Dando un vistazo a su atuendo del día, especialmente a sus altos y estilizados tacones, resopló: —¿Te parece que estoy vestida para practicar un deporte extremo? peor aún, ¿te parece que quiero practicar un deporte extremo? Acabo de comerme como ocho galletas, el sólo caminar hasta aquí me tiene al borde de las náuseas.

Él, dándole un vistazo contemplativo, se encogió de hombros: —Entonces no iremos. Te veo el lunes, o quizás el martes. —Habló, caminando de manera imperturbable hacia su auto.

Mikasa, ponderando sobre si esta interacción podría afectar el tratado de paz que aparentemente acababa de ser firmado, reanudó su andar, siguiéndolo nuevamente. —Bien, vamos. —Bufó derrotada. —Pero, si arruino mis zapatos nuevos, serás tú quien los lleve a reparar.

—Claro, y así los podría llevar al peor lugar posible para que los masacren. —Rezongó él en respuesta.

Ella lo observó recelosa, entornando luego los ojos. —Tal vez el saco ya olía mal desde antes. —Musitó, sabiendo que su acusación era falsa.

—Quizás sería mejor aceptar que te timaron y no excusarte con comentarios absurdos. Además, en tu lugar, yo hubiera comprado uno nuevo, pediría que lo adaptaran a las mismas medidas del anterior y listo.

Second ChancesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora