Capítulo XXX

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Dentro de la ya conocida oficina, Grisha Jaeger caminó lentamente, con ambas manos cruzadas sobre su espalda, hasta detenerse frente a una de las ventanas

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Dentro de la ya conocida oficina, Grisha Jaeger caminó lentamente, con ambas manos cruzadas sobre su espalda, hasta detenerse frente a una de las ventanas. —Creí que tenía tu palabra, Levi. —Acusó de pronto, con la vista enfocada en el paisaje.

Levi, quien lo seguía de cerca, suspiró cansado. —Así que es sobre eso. —Respondió, mientras daba miradas curiosas a los retratos distribuidos cerca del imponente escritorio de roble rojizo. —Dime, ¿qué de lo que he hecho cuenta como "no cumplir con mi palabra"? —Preguntó, caminando hacia la ventana de la oficina, con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

—Más bien se trata de lo que no has hecho. Dijiste que me mantendrías informado de todo y también que te mantendrías al margen.

—Y lo cumplí.

—¿De qué manera? Yo no he recibido ningún informe. —Espetó.

—No ha habido nada interesante qué informar.

—¿No? Apenas acabo de enterarme de que Mikasa ha contratado un hotel de lujo para un insignificante taller. Incluso tuvimos una junta sobre eso ¿no crees que es algo interesante para informar?

—¿Lo es? Ella consiguió un buen trato al final de cuentas, lo que ya fue evidenciado y aceptado por la junta que mencionas. Aunque, ahora que lo dices... —meditó caminando por la oficina. Con rapidez, tomó una hoja suelta que se encontraba sobre el escritorio para luego garabatear en ella con un lapicero. —Listo, aquí está el informe de todo lo relevante que ha ocurrido en estos días, incluyendo lo del trato con el hotel, el cual les aportará una estancia grata a los trabajadores y la posibilidad de un contrato de distribución exclusiva. Además, incluí una copia del presupuesto detallado que fue presentado en la reunión. Mi memoria fotográfica fue capaz de replicarlo a escala. Espero sea de tu agrado. —Anunció, entregándole al otro hombre la pieza de papel.

Grisha lo leyó con detenimiento, sintiendo su propio rostro enrojecer ante las palabras escritas con fina caligrafía. Suspirando, tomó la hoja entre sus manos y la arrugó, tirándola a la basura. —Pensé que eras un hombre serio, Levi. Escribirme una nota diciéndome que me vaya a la mierda, junto con un cuestionable dibujo de un dedo medio, me parece algo infantil.

—¿Tú crees? Porque es casi una copia exacta de lo que tu hijo me entregó a mí hace un par de días. —Respondió encogiéndose de hombros. —Haz lo que quieras con él. Puedes limpiarte el culo también, se nota que te hace falta. —Bufó.

—En serio no eres más que un niño en una silla grande. —Negó el hombre mayor con desaprobación.

—Me dijiste que te informara. Lo hice. Estoy cumpliendo. Sería peor si no respondiera a la pregunta, ¿no te parece? Además, recuerdo muy bien que me pediste que me mantuviera al margen.

—Eso no quiere decir que puedas faltar a lo que prometiste.

—Si, bueno, Grisha, creo que no has entendido. Te dije que honraría el trato y accedí a informarte. Sin embargo, no pretendo ser tu mandadero. Me pediste, indirectamente, que comprendiera cuál es mi lugar aquí; ahora, yo te digo cuál es el tuyo frente a mí.

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