Capítulo XXVI

302 37 49
                                        

Un nuevo día se cernía sobre Mikasa Ackerman; uno que parecía un poco más brillante que el anterior y que le daba una sensación de un inicio fresco, al ver reflejados los brillos matinales de luz sobre los enormes edificios de la ciudad a la que h...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Un nuevo día se cernía sobre Mikasa Ackerman; uno que parecía un poco más brillante que el anterior y que le daba una sensación de un inicio fresco, al ver reflejados los brillos matinales de luz sobre los enormes edificios de la ciudad a la que había arribado finalmente después de poco más de dos horas de trayecto.

Faltaba poco para llegar, o, al menos, eso era lo que anunciaba la robótica voz en su teléfono, la cual le indicaba qué calles tomar para dirigirse al enorme edificio en el centro, sobre el que relucía parte de un apellido que ella conocía bastante bien, pero con el cuál no compartía más que las letras.

Ha llegado a su destino. —Habló en voz alta la asistente virtual en su celular.

—Vaya que sí lo he hecho. —Respondió ella, observando absorta las relucientes ventanas de cristal que se alzaban imponentes frente a sus ojos, con una visión que parecía casi rozar el cielo. Dando una vuelta por las calles, consiguió espacio cuadras atrás, para aparcar su reluciente vehículo rojo y encaminarse hacia un lugar que, secretamente, ansiaba con conocer.

Su ingreso a la compañía pasó prácticamente desapercibido, hasta el momento de pasar por las máquinas de acceso a la entrada, las cuales exigían un carnet para activar su mecanismo.

—Disculpe. —Dijo, acercándose a uno de los tantos encargados de seguridad. —Levi me dijo que viniera, pero no me dio una tarjeta. No sabía que eran necesarias, a decir verdad.

—¿Tiene cita con él? —Preguntó el hombre con voz fuerte y seria.

—Yo no diría que es una cita. Sólo me dijo que viniera acá porque vamos a...

—Si no tiene una cita previa no puedo ayudarla, señorita. Le pediré amablemente que se retire.

—Pero, ¿y si pregunta a su asistente? Ella sabe que...

El hombre se plantó a su lado, tocando con su mano parte de su espalda. —Por favor, se lo estoy pidiendo con cortesía. —Amenazó.

—Sabe qué, mejor lo llamaré. —Dijo plantándose firmemente mientras tomaba su teléfono y marcaba molesta al número, sin apartar su mirada gris del empleado que la veía con disgusto. Extendiendo un dedo frente al rostro del hombre, Mikasa habló: —No me contesta, pero lo cierto es que... —Calló, al ser escoltada nuevamente hacia la salida. —¡Puedo llamar otra vez! —Gritó, mientras caminaba renuente hacia la puerta exterior.

—Hágalo, pero acá afuera. —Sentenció el guardia plantándose de brazos cruzados en la entrada.

Bufando molesta, Mikasa tecleó con fiereza en su teléfono, enviando un corto pero directo mensaje al número de Levi.

Menos de un minuto había pasado desde que el texto había sido enviado, cuando observó cómo el agente de seguridad colocaba un dedo sobre el auricular colocado en su oído derecho.

Second ChancesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora