Capítulo XVI

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El ostentoso y particular deportivo avanzaba llamando la atención de algunos, siendo ignorado por otros muchos que preferían centrarse en sus propias rutinas

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El ostentoso y particular deportivo avanzaba llamando la atención de algunos, siendo ignorado por otros muchos que preferían centrarse en sus propias rutinas. Pero, dentro de este, una mente maquinaba ansiosa, con cientos de pensamientos e ideas cruzando por su cabeza, completamente emocionada, mientras observaba absorta al pequeño trébol a través del cristal de un recipiente. Al observar por la ventanilla cómo el panorama de la ciudad cambiaba a un entorno conocido, la mujer se giró para encarar a su acompañante.

—¿Puedes dejarme aquí? —Pidió Mikasa, señalando un local en particular, ubicado justo en la siguiente calle.

—¿Un restaurante? ¿No dijiste que habías tenido suficiente con las galletas? —Cuestionó Levi, encendiendo sus intermitentes para detenerse frente al lugar indicado.

—No tengo ganas de volver a la oficina y mi mejor amiga trabaja ahí, es su restaurante. —Mencionó recogiendo sus cosas.

—Ya veo. Bien, nos vemos. —Musitó él, sin apartar la vista del volante.

Ella estaba dispuesta a salir, pero, antes, tamborileó nerviosa sus dedos sobre la manija interior de la puerta. —Levi, —lo llamó esperando algún tipo de reprimenda o gruñido al utilizar su nombre de pila. Un trato tan informal, cercano y, que se sentía terriblemente fuera de lugar. Él se giró en silencio, contemplándola por un momento haciendo un gesto con su cabeza que la alentaba a decir aquello que la atormentaba. —no sé qué te motivó para hacer crecer un corazón de la nada, pero lo agradezco mucho. —Dijo con sinceridad. —Daré lo mejor de mí y prometo jamás volver a golpearte, aunque seas un idiota. —Afirmó, haciéndolo bufar. —¿Qué? ¿demasiado pronto para una broma?

—Será mejor que te largues ya y no lo eches a perder. —Le dijo, negando con la cabeza. —No es propio de mí gastar recursos para crear otro órgano inservible.

—Un corazón no es un órgano inservible, señor Grinch.

—Lo es para mí, Cindy Lou. Ahora fuera de aquí antes de que me arrepienta.

Mikasa sonrió con amplitud, saliendo finalmente del vehículo. —Conduce con cuidado. Nos vemos el lunes. —Se despidió sin esperar ningún comentario en respuesta, observando al auto arrancar y avanzar a toda velocidad hasta perderse de su vista. Dirigiéndose hacia el ya familiar restaurante, fue recibida con un golpe de aromas que hicieron que su estómago rugiera con intensidad. Moviéndose hacia la recepcionista, preguntó sin perder la sonrisa que, sorpresivamente, no había dejado su rostro en este día tan particular: —Perdone, ¿Sasha está disponible?

La mujer, una castaña de baja estatura, la contempló de pies a cabeza, desaprobando por completo su imagen desarreglada a causa de la intensa actividad física que acababa de practicar. —Si se refiere a la señorita Braus, no, no está disponible. —Negó firmemente.

Pero, antes de poder replicar, Mikasa se vio interrumpida por una voz que conocía de memoria, pues había pasado y podría pasar horas y horas escuchándola y adoraba hacerlo. —Emm creo que la señorita Braus sí está disponible y mucho. —Intervino Sasha, dando una mirada reprobatoria a su empleada. —Lo lamento, Mik, es su primera semana. —Se disculpó. —Lucy, ella es cliente VIP. Verla a ella es como verla a mí.

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