El universo a veces concede segundas oportunidades; para iniciar desde cero, cambiar viejas actitudes, formar una nueva vida, una familia; solucionar errores del pasado o simplemente volver a enamorarse.
Una pacto entre amigos, un matrimonio arregla...
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Armin Arlert había asistido a diferentes entrevistas a lo largo de sus veintiocho años de vida, unas más importantes que otras, pero, ninguna lo había puesto tan nervioso como la de este día en particular. No era que le intimidara el entorno o el puesto, sino que, había sido reclutado por la asistente de la mente financiera más grande del país en la actualidad, y, aparentemente, de conseguir el trabajo, se encargaría de las tareas de alguien con mucha influencia como para tener de su lado a tal renombrado personaje. Su investigación previa a la cita había revelado que, pese a compartir el apellido, no tenían ningún nexo familiar, pero, la insistencia de la asistente para que aceptara presentarse a solicitar este puesto, lo llevaba a creer que sí había una fuerte amistad.
Tragando con fuerza, el rubio mostró su identificación al guardia del edificio, subiendo por los cinco niveles necesarios para llegar a la recepción de la oficina de la actual Presidenta interina y futura Directora Ejecutiva. Apretando con fuerza el maletín que colgaba sobre su pecho, Armin caminó hacia la secretaria. —Buenos días, mi nombre es Armin y estoy aquí para...
—Ah sí. —Interrumpió la mujer mayor. —Tú vienes para lo del puesto de asistente, ¿no?
—Así es.
—Bueno, siéntate un momento. Avisaré a la señorita Ackerman de que ya estás aquí.
—Muchas gracias. —Dijo el muchacho, sentándose en la primera silla de las diez disponibles que estaban colocadas en el corredor. Tomó su computadora y tecleó diestramente en ella. Por momentos observaba de reojo cómo varias personas ingresaban, ocupando los asientos vacíos a su alrededor. Más candidatos, hombres y mujeres; unos pulcramente vestidos, algunos pocos no tanto, charlaban y sonreían, preparándose para sacar las garras y pelear ahí dentro por ese puesto.
—Joven Arlert. —Lo llamó la secretaria, luego de unos quince minutos. —Avanza hacia esa puerta de allá. Te están esperando. —Indicó con una sonrisa.
—G-Gracias. —Respondió, cerrando el maletín dentro del cual ya había guardado sus implementos y avanzando hacia la oficina en cuestión.
Dos ligeros toques en la puerta fueron suficientes para que el muchacho escuchara una firme voz femenina diciéndole: —Adelante.
Al entrar a la oficina, Armin se topó de frente con ambos Ackerman que conversaban amenamente.
Levantando una mano, la mujer a quien reconocía con el nombre de Mikasa, le indicó que le diera un par de segundos antes de centrar su completa atención sobre él. —Entonces, ¿es un hecho? —Preguntó seria al hombre sentado elegantemente en el sillón, quien, con una pierna cruzada sobre la otra, bebía despacio una taza de té, la cual sostenía de manera peculiar.
Armin lo había visto en cada revista económica que había leído. Además, tuvo la oportunidad de conversar directamente con él en ese evento organizado por su universidad, pero, verlo en un momento tan casual y tan cercano, hizo que sus rodillas temblaran un poco. Hecho que intentó ocultar, irguiendo más su postura, cual militar llamado frente a la oficina de un capitán. —Tch. Ya te dije que sí. El hotel es tuyo para que lo uses como te plazca. —Respondió Levi, girándose para observar detalladamente al recién llegado, quien volvió a ser traicionado por sus nervios, estremeciéndose ligeramente ante la dura mirada que lo evaluaba con inquisición.