Capítulo XLI (parte uno)

286 38 34
                                        

Mikasa caminó con paso firme por el pasillo alfombrado que llevaba al elevador

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Mikasa caminó con paso firme por el pasillo alfombrado que llevaba al elevador. El eco suave de sus tacones resonaba en el silencio que reinaba en el lugar, acompasado con el ruido apenas perceptible de su respiración.

Sus pasos de apariencia segura, contrastaban un poco con la indecisión que pugnaba en su interior. Una que comenzaba a crecer con cada vibración de su propio teléfono celular. El zumbido insistente del aparato sonó una vez más contra su costado, exasperándola. Finalmente, intrigada por tal insistencia buscando comunicarse con ella, sacó el teléfono del bolsillo de su saco y contestó la llamada.

—¿Sí? —dijo, llevando el teléfono a su oído.

—Este... ¿Mikasa? —respondió una tímida y conocida voz al otro lado. —Sólo quería confirmar lo de la revisión de las estrategias que se plantearán en la siguiente junta. Es lo que tengo anotado en la agenda, pero...

—Ah, eso, —respondió ella rápidamente, echando un vistazo al hombre de cabello oscuro que caminaba detrás, con un paso mucho más silencioso. —Mira, Armin, la verdad es que...

—Y hay algo más, —interrumpió el rubio, con una voz apagada, como si hubiese cubierto su boca al hablar. —Eren está en su... en tu oficina... creo que la... te está esperando.

El nombre resonó en su mente como una alarma. Mikasa dio un ligero respingo y mordió su labio inferior, sintiendo una punzada de culpa al recordar un comentario olvidado, o más bien, pasado por alto.

—¿Eren está ahí? Carajo... es cierto. Dijo algo de almorzar juntos, —musitó, más para sí misma que para Armin.

El breve silencio que siguió, con ella maquinando una salida elegante y el rubio esperando una orden directa a través de la línea telefónica, fue interrumpido por una voz baja proveniente a espaldas de Mikasa.

—Está bien, —dijo Levi de pronto, cortando con la cadencia de sus pensamientos como si hubiera podido escuchar el debate interno que se desarrollaba en la mente de la mujer. —Regresa. Yo estaré bien.

Mikasa se giró hacia él, buscando en su expresión seria algún indicio de inseguridad, pero solo encontró la misma calma que él siempre parecía irradiar, incluso en las situaciones más tensas. Pero, pese a que sus palabras eran firmes y su gesto se mantenía sereno, su postura y la rigidez en sus hombros hablaba de un cansancio que no podía ocultar. Ella lo estudió por un instante más, sin responder; algo en su expresión la hizo sentir que no podía dejarlo, o quizás se trataba más de una sensación de culpabilidad la que sembraba tal duda en su interior.

El sonido del elevador anunciando su llegada interrumpió el silencioso y dubitativo momento de Mikasa. Levi fue el primero en entrar, recargándose casualmente en la barra metálica.

—Te veo mañana, —le dijo él con su característico tono monocorde.

Mikasa dudó un instante, los dedos de él rozaron el botón para cerrar las puertas.

Second ChancesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora