Capítulo 5

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Luego de nadar más de lo que nuestros débiles cuerpos nos permitían llegamos a una caverna pedregosa extensa, parecía la superficie incluso. Y luego de tantos desvíos para evitar ser vistas aquello tampoco me parecía descabellado.

Una presencia mayor se hizo sentir apenas logramos poner los pies sobre las piedras. Era una criatura de los cielos, pero era hombre, o parecía ser hombre.

Aquello solo podía ser algo malo, tenía las alas diferentes, más plumas, incluso la forma era más abrumadora.

Más grandes, tenía una especie de espuelas en ellas que parecían peligrosas, sus ojos eran de un dorado abrumador y tenebroso, sus facciones hermosas y finas pero intimidantes.

-Seres malditos. ¿Como osan entrar a tierra santa?

-Yo la veo muy maldita- bromeó Jess pero se notaba estaba muerta de miedo. Como todas.

Lo vimos empuñar una espada cual el brillo nos daba a notar lo afilada que estaba. Marie y Jess tenían las lanzas que les habíamos quitado a las criaturas que matamos, tomé un piedra no pudiendo hacer más y la lancé, me arrepentí de ese hecho porque eso lo hizo venir contra mí.

Logré esquivarlo por poco pero al alejarme caí al suelo y raspé mis rodillas y manos, noté el filo de la lanza de Jess rosarlo y la de Marie atravesarlo dejando un líquido extraño salir de la herida antes de caer y hacerse polvo.

-¿Como eres tan buena en esto?- Jessica no podía creerlo, tampoco yo.

-No sé- parecía el típico no sé de alguien que hace todo bien pero su rostro dejaba ver que era cierto.

-Vamos- tomé, más bien, traté de tomar la espada pero me fue imposible, entonces noté que no solo me había raspado.

-Parece rota- asentí ante lo dicho por Jess, esta le tendió la espada a Marie y su lanza pasó a ser mía, espero poder servir de algo.

-Hace rato no la siento- admitió Marie con ojos llorosos, aún así no paraba de caminar guisándonos.

-Abajo- tratamos de ocultarnos tras unas rocas pero nos fue imposible cuando dos de ellos sobrevolaban.

Antes de reaccionar teníamos a 6 criaturas de los cielos rodeándonos, armados y peligrosos, no teníamos escapatoria. Moriríamos aquí.

-Hay que matarlas por osar pisar nuestro templo.- gruñó uno de ellos, tenía cabellos largos y dorados, ojos verdes de un intenso abrumador. Quien estaba a su lado era igual a el, a excepción del tono oscuro de su piel y que sus ojos eran gris. Su cabello castaño. Ambos con alas grises.

-No las maten si no se resisten- se habían hecho con nuestras armas antes de notarlo, quien había hablado tenía la piel oscura, prácticamente negra, sus ojos cafés y labios gruesos, alas negras y enormes. -Nos divertiremos con ellas.- la voz cantarina me hizo sentir un amargo en mi boca, mis ojos dieron con los de Jess y entendimos que era nuestra oportunidad de ser llevadas a donde sea que tenían a Madai.

Sostuve la mano de Marie como pude tratando de transmitirle tranquilidad, pero era hipócrita de mi parte, estaba todo menos tranquila, ninguna lo estaba.

Nos rodearon mientras nos incitaban a caminar empujándonos a tal punto de casi hacernos caer.

Sentía tanta debilidad que creería era hambre, pero en este limbo extraño entre lo que somos ahora y lo que éramos no se de que debemos alimentarnos, si de sangre cual juro que ahora me haría vomitar o alimentos humanos. Solo se que la debilidad del cuerpo nos pasará factura dentro de poco.

Caminamos hasta cansarnos pero aún así no nos dejaron disminuir el paso. Mi mano cada vez dolía con más intensidad, se encontraba hinchada y por los raspones se notaba lo ennegrecida que estaba la sangre que mi cuerpo no había absorbido.

¿El señor Namjoon estará buscándome?

Quiero verlo

Quiero ver su rostro aunque esté enojado conmigo, quiero un abrazo suyo. De esos que solía darme para dormir.

Llegamos a lo que parecían unas cuevas, tenía escalones mal formados que nos ayudarían a bajar pero el filo de las piedras nos amenazaban con cada paso.

Cada vez se tornaba más oscuro, solo podía escuchar nuestras pisadas y el correr de un arroyo que resonaba con más fuerza con cada paso.

-Déjenlas al fondo. - dijo nuevamente el moreno, parecía ser el líder de estos. Fuimos empujadas entre amenazas hasta las piedras de una de estas cavernas y hierros ennegrecidos cerraron la entrada.

-Vamos a morir aquí.

-Dijeron que no nos matarían si...

-Si voy a resistirme, mierda que sí- gruñó Jessica. -Voy a morir y honney, él...

-Jessica- una voz áspera y cruda nos hizo helar, estábamos solas aquí abajo, ¿o no? -Marie- llamó a la otra, se escuchaba como si con cada palabra una parte de su garganta fuera desprendida.

Cuando al fin mi vista se adaptó a la oscuridad noté quién las llamaba y porqué Marie apenas escuchó su nombre ser pronunciado corrió hasta ese bulto en el suelo.

Llena de su sangre y lodo, de marcas, estaba ella. Su pelo era demasiado largo como para ser cómodo. Estaba anudado, sus ojos se notaban hinchados y llorosos mientras se aferraba al cuerpo de su amiga.

-Lo siento. Lo siento. Tardé demasiado- se disculpaba entre lloros y jipidos. -Yo debí venir. Es mi culpa.- trataba de no tocarla pues su carne parecía que acabaría  cayéndose a pedazos por lo magullada que se encontraba. Parecían latigazos.

Ahora ambas la abrazaban mientras esta no paraba de llorar.

La tenía en frente, ella estaba viva. De lo que no estoy segura es si seremos capaz de salir de aquí.




Ya les devolví su muertita. 😋


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