Frida Kahlo dijo una vez:
«Mi pintura lleva consigo el mensaje del dolor».
El día que leí esa frase me interesé más por sus obras, por la mujer que se escondía bajo toda esa popularidad que su figura parecía haber despertado en los últimos tiempos. La mujer que había amado, sufrido, gritado, porque había algo que me conectaba a ella.
Creo que esa es la magia de la literatura, de la música, de la pintura y de cualquier otra expresión artística: que te encuentras a ti mismo en lo que otro ha creado.
A veces nos sentimos solos, somos individualistas y creemos que solo nosotros hemos experimentado esa emoción que nos retuerce el alma o esa idea que nos hace sentir raros, pero un día te das cuenta de que no es cierto, hay un mundo inmenso ahí fuera lleno de personas, de experiencias y de vidas.
Cuando asimilas eso, ocurren dos cosas:
adquieres conciencia de la inmensidad que te rodea y, por ende, te sientes más pequeño, como una hormiguita que corretea de un lado a otro y que descubre que su hormiguero no es el único que existe, sino que hay millones y millones de ellos, y en parte alcanzas el alivio por la comprensión que te abraza al encontrar rastros de ti en la letra de cualquier canción, en un poema o en trazos de pintura, es una manera de sentirse acompañado...
Pensé en esa idea durante un rato mientras tomaba una buena cantidad de pintura con un pincel firme, estaba pintando a un chico de espaldas y de cabello oscuro y largo; de su pelo escapaban mariposas de colores, notas musicales y flores que simbolizaban recuerdos, algunos de pétalos más arrugados, otros recientes. Usé la técnica del impasto, aplicando pinceladas de pintura espesa encima de otras, mezclando los colores estriados sobre el propio lienzo, haciéndolo más real. Era importante vigilar bien el ángulo de cada trazo para que no se escapara la pintura, así que estaba tan concentrado en lo que hacía que tarde un rato en darme cuenta de que ya había anochecido. Limpié el material, recogí mis cosas y me fui.
Cuando llegué al departamento de Jeno, él ya había cenado y estaba sentado en el sofá viendo un capítulo de una serie de humor que le encantaba.
—Te dejé un poco de pescado en el horno.
—Gracias, pero no tengo mucha hambre.
Le di un beso antes de ir a la cocina. Tomé una fruta del refrigerador y me la comí distraído mientras regresaba a la sala y me sentaba a su lado.
Había cierta tensión entre nosotros, algo que nunca hasta la fecha había existido. Yo no sabía cómo gestionar aquella situación y esa noche había vuelto a fallarle, porque le prometí que cenaríamos y pasaríamos un rato juntos, y aún no le había contado que pensaba pasar una semana en Byron Bay.
—Lo siento mucho, se me hizo tarde.
—No pasa nada —se encogió de hombros.
—¡Jeno !—
Dejé la fruta en la mesa, encima de una servilleta, y me acerqué a él para abrazarlo. No se apartó, me rodeó la cintura con suavidad.
— ¿Estás enfadado?
—No. Es que... —Se mordió el labio antes de suspirar.
— Quiero que te vayan bien las cosas, Renjun, y entiendo que para eso tienes que trabajar muchas horas.
— Pero... — adiviné.
—Pero todo sería más sencillo si la situación entre nosotros fuera clara. Llevamos muchos meses así y cada vez es más complicado, porque siento que esto no conduce hacía ninguna parte.
Me aparté un poco buscando espacio. Entendía a Jeno, él siempre había tenido relaciones estables, durarán más o menos, relaciones en las que podía referirse a la otra persona como «su novio» sin titubeos. Yo había llegado a su vida cuando ya parecía que lo nuestro nunca traspasaría la línea de la amistad. Y ahora ahí estábamos, en un limbo al que no sabía cómo llamar, pero que me daba miedo analizar; porque lo quería muchísimo y la idea de perderlo me aterraba tanto... Ya había renunciado a demasiadas personas en el camino.
—No sé si estoy preparado para eso— gemí.
—¿Y cuándo vas a estarlo? — preguntó.
—¿No te basta con lo que tenemos?
Jeno se frotó el rostro un poco agobiado.
—A veces sí. Otras veces no — admitió.
—Cuéntame qué es lo que te preocupa.
Apartó la mirada de mí antes de contestar.
—Que veas lo nuestro como algo temporal.
—Yo nunca he dicho eso... — protesté.
—¿Y piensas que será para siempre? Mírame, Renjun.
Noté un jalón incómodo en el estómago. ¿Para siempre? ¿Estar con Jeno para siempre?
Una parte de mí quería aquello, porque sería tan sencillo y confortable como acurrucarte debajo de una cobija cuando hace mucho frío, pero la otra parte no estaba lista para decidir algo así, la otra parte... ni siquiera tenía muy claro qué pensaba de todo eso.
—Déjalo. No respondas.
Jeno se levantó y yo lo seguí pisándole los talones hasta llegar al dormitorio que tantas noches habíamos compartido durante los últimos meses. Él se llevó los dedos al puente de la nariz y cerró los ojos. Lo abracé por la espalda sujetándolo.
—Perdóname. Yo te quiero, Jeno, pero la idea de plantearme ahora mismo pasar con alguien el resto de mi vida... No quiero que sufras. Creo que estamos pasando por etapas distintas y ni siquiera sé entenderme aún a mí mismo.
¿Cómo podía explicárselo? No sabía ni por dónde empezar.
Los últimos años habían estado llenos de cambios y era complicado que lo entendiera tal como yo lo había vivido. Porque Jeno nunca había conocido a ese chico que se dedicaba a pasear por Byron Bay con una sonrisa permanente antes del accidente de tráfico que lo cambió todo. Tampoco había conocido al otro, el que se encerró en sí mismo, el que dejó de pintar y consiguió salir a flote gracias a cierta persona testaruda que hizo todo lo posible por sacarlo de aquel agujero en el que estaba metido. Aunque después.., bueno, después nada salió bien, y cuando llegué a Brisbane, pasé a ser otra versión de mí mismo.
Me sentía como si, durante los últimos años, hubiera ido mutando de piel una y otra vez, quizá por eso ya no estaba muy seguro de quién era en aquel momento.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó.
—No lo sé —Seguí abrazándolo.
Me hubiera gustado poder darle la respuesta que deseaba, pero no quería mentirle. No es que no me viera a su lado durante un futuro lejano, es que ni siquiera me había planteado esa opción, no se me había pasado por la cabeza y eso me preocupaba.
—Tengo que ir a Byron Bay por la exposición, quería decírtelo desde hace unos días.
Él se desprendió de mis brazos, se dio la vuelta y me miró en la penumbra de la habitación.
—Lo entiendo —Me dio un beso en la mejilla.
—Ven conmigo — susurré sin pararme a pensarlo.
—Alquilaré una habitación en un hostal y, no sé, puedo presentarte a mis amigos, enseñarte el sitio en el que crecí...
—Renjun, estarás trabajando casi todo el día y yo tengo cosas que hacer aquí, no puedo dejarlo todo— Me colocó tras la oreja un mechón.
—Pero vendrás a la exposición, ¿no?
—Sí, eso sí. Intentaré estar allí.
Me puse de puntitas para darle un beso lento que me calentó el pecho. Los labios de Jeno eran suaves y firmes, y estaban llenos de promesas bonitas que una parte de mí quería alcanzar. El problema era la otra, la que seguía resistiéndose como si se aferrara a algo...
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Lo que somos
RomantikHan pasado tres años desde la última vez que Renjun y Jaehyun se vieron. Ahora, Renjun está a punto de cumplir su sueño, y pese al pasado, Jaehyun necesita formar parte de un momento como ese. Cuando sus caminos vuelven a cruzarse, Renjun tiene que...
