Intenté dejarle espacio durante los siguientes días. Renjun no estaba
demasiado satisfecho con su propio trabajo, a pesar de que se pasaba horas encerrado en el estudio, sumido en su propio caos.
Cuando se llevaba distraído una paleta a la boca, no la degustaba despacio, sino que la mordía rompiéndola en pedazos.
Había desechado tres lienzos que dejó a medias y yo estuve de acuerdo, porque sabía que podía dar mucho más y, ante todo, quería que él estuviese contento con el resultado.
Era evidente que sentía presión ante la idea de tener que enseñarle algo a Mino la siguiente semana, pero no le di más importancia; estábamos allí por una
beca, quería que se lo tomase con calma y que disfrutase de la ciudad y de la experiencia. Eso mismo me decía a mí mismo cada vez que miraba la puerta cerrada del estudio y sentía que las horas
se alargaban llenas de silencios.
Pronto tuve una nueva rutina: subir a Montmartre al amanecer. A cambio de no poder agotarme entre las olas, terminé
perdiéndome por las escaleras empinadas y las cuestas que conducían hacia el barrio más bohemio.
Cada mañana, mientras Renjun aún dormía, cruzaba la plaza de los pintores y me desviaba hacia la derecha, donde me recibía el Sacré-Coeur. Allí me sentaba
en un escalón cualquiera y contemplaba cómo se desperezaba la ciudad lentamente.
Después volvía sobre mis pasos y, antes de subir al apartamento, desayunaba en la cafetería de la esquina de nuestra calle sin prisa, pensando en él, pensando en cómo derribar las puertas cerradas con llave que seguían separándonos, esas que estaban llenas de todo lo que aún no nos habíamos dicho.
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Lo que somos
Roman d'amourHan pasado tres años desde la última vez que Renjun y Jaehyun se vieron. Ahora, Renjun está a punto de cumplir su sueño, y pese al pasado, Jaehyun necesita formar parte de un momento como ese. Cuando sus caminos vuelven a cruzarse, Renjun tiene que...
