RENJUN

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Tardé días en crear algo con lo que me sintiese satisfecho, aunque no era ni de lejos lo mejor que había hecho. «Pero sí aceptable», pensé mientras le echaba un último vistazo al lienzo sobre el caballete. Suspiré y empecé a limpiar los pinceles y a ordenar un poco el desastre que tenía allí.

Bajé y me di una ducha. Y solo
entonces, mientras me quitaba la humedad del pelo con una toalla
después de ponerme ropa cómoda, caí en la cuenta de que hacía horas que no sabía nada de Jaehyun cuando, por regla general, él siempre solía estar rondando a mi alrededor, echándole un vistazo a
lo que hacía o proponiéndome mil planes a los que yo solía
negarme por miedo a acercarme demasiado y quemarme.

Al pasar junto a su habitación, vi que la puerta estaba entreabierta
y el interior a oscuras. Dudé, pero abrí un poco intentando no hacer
ruido. Jaehyun estaba tumbado en la cama, con las cortinas corridas, impidiendo que la luz del atardecer entrase. Se incorporó al notar mi presencia.

—¿Te encuentras bien?—pregunté inseguro.

—La cabeza, jodidas migrañas.

—Deberías usar más las gafas.

—Ya — resopló de mal humor.

—Te traeré algo, espera aquí.

Fui a la cocina, cogí un vaso de agua y una pastilla, y mojé una
toalla pequeña con agua fría. Al regresar a la habitación, encendí la lamparita de noche y Jaehyun entrecerró los ojos.

—Me molesta la luz — gruñó.

—No seas tan quejón. Ten, tómatela.

Jaehyun recostó la espalda en el cabecero de la cama y la sábana
resbaló por su torso. Como si no pudiese recordar que ya no
estábamos en la otra punta del mundo, seguía sin acostumbrarse a eso de usar camisetas a menudo. Aparté la mirada de él cuando me devolvió el vaso de agua y lo dejé en la mesita. Apagué la luz, le pedí que se acostase de nuevo y le puse la toalla mojada sobre la frente.

—¿No te alivia un poco?

—Me alivia que estés aquí.

Puse los ojos en blanco y suspiré.

—Llámame si necesitas algo...

—Espera. Quédate un rato. Por favor.

Se movió para dejarme hueco en la cama. Había deportes de
riesgo menos temibles que ese pequeño espacio en el colchón.

No sé durante cuánto tiempo me quedé en silencio, indeciso, mientras Jaehyun parecía retarme, como siempre.

Me estremecí.

—¿De qué tienes miedo?

Era como si pudiese oír todas las palabras que me callaba, y
mientras me sentaba a su lado y él tiraba de mí con suavidad para
que me tumbase, deseé ser opaco a sus ojos. Me quedé rígido, con la mirada clavada en el techo y nuestros brazos rozándose en medio de la cama. Podía notar su respiración pausada a mi lado y la
situación me resultó tan íntima, tan peligrosa...

—¿Qué es lo que quieres, Jaehyun?

—No sé. Háblame, cuéntame lo que sea.

Así que eso hice. Le confesé que no me sentía del todo cómodo
con lo que había pintado aquellos días, aunque él ya lo sabía. También le hablé del corto encuentro que tuve con Jinyoung durante la inauguración de la sala y de que todo me estaba sobrepasando un poco.

—Recuerda que es temporal, Renjun.

—Ya. Pero aun así...

No acabé la frase. La piel me hormigueaba. Tenía el estómago
encogido. Inspiré hondo y luego intenté relajarme. En algún
momento, dejé de contar los segundos que pasaba junto a Jaehyun y de maldecir el cosquilleo que sentía cada vez que se movía y su brazo
rozaba el mío. Cerré los ojos y solo vi colores; tonos pasteles,
claros, suaves...

Parpadeé confundido. Y luego lo sentí. Su cuerpo contra el mío, su mano en mi cintura, sus labios junto a mi mejilla, su presencia envolviéndome en un abrazo cálido.

Me concentré en respirar cuando me di cuenta de que estaba conteniendo el aliento. Después me quedé allí quieto, muy
quieto, preguntándome por qué no me levantaba y me marchaba.
Quizá porque durante un instante deseé vivir dentro de esa
posibilidad que los dos habíamos perdido. No. Que él había tirado a
la basura. Y no podía evitar recordar que ahí dentro, entre sus brazos, había sido feliz, muy feliz.

Jaehyun se movió y noté sus dedos aferrándose con suavidad a mis costillas. Entonces lo entendí, conforme parecía recorrer sobre la camiseta el contorno de las letras que un día dibujó sobre mi piel y yo quise tatuarme para siempre: «Let it be».

— Jaehyun... —susurré casi sin voz.

—Deja que suceda, cariño.

Y un segundo después sus labios encontraron los míos y yo solo
pude sentir. Como una vez él me enseñó, con la mente en blanco y
el corazón abierto, sentí su boca perfecta, su lengua acariciándome, su estómago vibrando cuando dejó escapar un gemido ronco, sus manos colándose bajo mi camiseta y quemándome con cada roce
de las yemas de sus dedos sobre mi piel, dejando un rastro invisible
pero permanente.

Lo sentí todo. Sentí el deseo, el odio, el amor, la amistad, el mar,
la decepción. Sentí todas las cosas que Jaehyun había sido para mí y vi las emociones desbordándose encima de una lámina pintada con unas acuarelas demasiado aguadas que terminaban saliéndose del
borde.

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⏰ Última actualización: May 24, 2025 ⏰

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