Estaba en el jardín, sumida en mis pensamientos, cuando de repente escuché pasos detrás de mí.
Al girar, vi a una figura alta se recortaba contra la luz del atardecer, y su sonrisa cálida hizo que una parte de mí se sintiera reconfortada acercándose.
—¡Hola! —dijo, con un tono amigable—. No esperaba encontrar a alguien aquí tan tranquilo en una noche como esta. ¿Disfrutando de la paz antes de la tormenta?
Traté de forzar una sonrisa.
—¿Como te llamas?
—Xacnia,y usted señor?
—Ubbe
Aunque el caos emocional que me rodeaba era abrumador, había algo en su presencia que me hizo sentir un poco más ligera.
—Supongo que sí. Es un buen lugar para pensar... o al menos intentar hacerlo —respondí, sintiendo que mis palabras no capturaban del todo lo que realmente necesitaba.
Ubbe se sentó a mi lado, y esa cercanía me brindó un pequeño consuelo. Hablamos de las flores, de cómo eran hermosas, y me di cuenta de que tenía una energía diferente a la de Ivar: más relajada, más accesible.
—Son hermosas, ¿no? —me preguntó, mirando las flores—. Me gusta pensar que cada una tiene su propia historia. ¿Cuál es tu favorita?
Sus palabras resonaron en mí.
Siempre había sentido una conexión especial con las flores silvestres, así que compartí mis pensamientos.
—Siempre me han fascinado las flores silvestres. Tienen una belleza salvaje y auténtica. Me recuerdan que, incluso en la adversidad, hay espacio para crecer.
Ubbe sonrió, y por un momento, su mirada reflejaba una comprensión profunda.
Sentí que había un lazo formándose entre nosotros.
—Muy poético. Quizás deberías escribir eso —sugirió, y una ligera risa escapó de mis labios.
—¿Y quién lo leería? La mayoría de la gente solo está interesada en historias de batallas y gloria —dije, intentando restarle importancia a mis sentimientos.
—Tal vez los que realmente saben apreciar la vida. Las historias que importan no siempre son las más ruidosas —replicó, y su tono me hizo sentir que realmente entendía la esencia de lo que estaba diciendo.
Entonces, Ubbe cambió de tema de manera inesperada.
Su pregunta me tomó por sorpresa.
—Hablando de momentos, ¿alguna vez has pensado en dar un beso?
El rubor subió a mis mejillas y desvié la mirada hacia las flores, sintiendo una oleada de incomodidad.
¿Por qué tenía que preguntarme eso?
Mi corazón se aceleró.
—Bueno... no lo sé. Nunca he tenido esa oportunidad —respondí, titubeando. Sentí que mi voz era más débil de lo que quería.
Ubbe notó mi incomodidad y, por un momento, su expresión cambió a una de preocupación.
Se alejó un poco, como si quisiera darme espacio.
—Oh, perdón. No quería hacerte sentir incómoda —dijo, con un tono suave.
—No te preocupes. Es solo... no he tenido mucha experiencia en ese tema —le aseguré, aunque la verdad era que me sentía perdida.
Ubbe parecía comprensivo.
Su mirada era amable, y había algo reconfortante en su disposición para escuchar.
—Entiendo. Las cosas pueden ser complicadas. No tienes que hablar de eso si no quieres. Solo pensé que podría ser un tema interesante.
—Gracias, Ubbe. Aprecio que lo entiendas. A veces, es difícil hablar de lo que realmente sentimos —le respondí, sintiendo que la tensión se desvanecía un poco.
La conversación fluyó naturalmente, y me sentí más cómoda a su lado.
Sin embargo, una parte de mí seguía pensando en Ivar, en cómo su presencia siempre creaba un torbellino en mi corazón.
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A medida que pasaban los días, la tensión entre Ivar y yo se volvió palpable, como una cuerda tensada que podría romperse en cualquier momento.
La conversación de aquella noche seguía retumbando en mi mente, y cada vez que veía a Ivar, una mezcla de confusión y anhelo se apoderaba de mí.
Sin embargo, no volvió a cruzarse conmigo, y ese vacío se sentía aún más profundo en su ausencia.
Al caer la noche, decidí salir al patio, sintiendo la necesidad de aclarar mi mente.
Las estrellas brillaban intensamente en el cielo oscuro, y mientras caminaba, me encontré con
Ivar.
Estaba de pie, mirando hacia la distancia, como si estuviera atrapado en sus propios pensamientos.
No sabía si era un buen momento para hablar, pero algo dentro de mí me empujó a acercarme.
Evité el tema que nos había separado y tomé la decisión de hacerle una pregunta más íntima, algo que me había estado quemando en la mente.
—¿Puedo preguntarte algo?— dije, sintiendo un leve temblor en la voz.
Ivar giró la cabeza, sus ojos azules se encontraron con los míos, y asintió.
—Sí, adelante.
—¿Has dado un beso?— me atreví a preguntar, sintiendo cómo la vulnerabilidad se apoderaba de mí.
La mirada de Ivar se intensificó, y finalmente, su voz resonó con una mezcla de nostalgia y tristeza.
—Sí. Solo he besado a una mujer
Mi corazón se aceleró ante su confesión.
Quería saber más, así que lo insté a continuar.
—¿Qué pasó con ella?
Ivar tomó un respiro profundo, y su mirada se oscureció.
—Ella quería el trono. Lo sabía. Pero cada vez que estaba cerca de ella, solo podía sentir placer, nada más.
Una punzada de dolor se instaló en mi pecho.
La idea de que Ivar había estado tan cerca de alguien que no era yo me dejaba un sabor amargo en la boca.
Mierda Xacnia
No seas tóxica
¿Tu casi besas a Ubbe no?
Entonces, de repente, me encontré compartiendo mis propias inseguridades.
—Intenté dar un beso con Ubbe, pero retrocedí. Nunca he tenido cercania de esa forma con algiien
La reacción de Ivar fue instantánea, el fuego en sus ojos cambiando a celos.
Pude ver cómo su mandíbula se tensaba, y me pregunté si lo que había dicho lo había herido
Si que eres buena para cagarla.
—Ivar…— comencé, pero él se interrumpió.
—Necesito irme—. La frustración y el deseo se mezclaban en su voz, y no pude evitar sentirme herida por su abrupta partida
Justo en ese momento, un grito resonó en la distancia, y mi corazón se detuvo.
—¡Xacnia, ven!— gritó Ragnar, y el pánico se apoderó de mí.
Sin pensar en nada más, corrí hacia el origen del grito.
Al llegar al patio, vi a Ivar golpeando a alguien,no,a alguien no.
A Ubbe y el caos se desató en mi interior.
¿Qué estaba sucediendo?
La preocupación por Ivar eclipsó mis pensamientos, y me pregunté cómo había llegado a este punto.
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Las cosas se prenden mejor....
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
