Pasaron horas desde que cerré la puerta, dejándolo del otro lado.
Ivar no insistió más, y sus últimas palabras seguían resonando en mi cabeza:
"Te daré tu espacio. Cuando quieras hablar, estaré ahí."
El silencio de su partida fue peor que sus intentos de forzar una conversación.
Me quedé sentada en la cama, mirando las marcas en mi piel, los moretones, las heridas. Dolía, sí, pero no tanto como el torbellino en mi mente.
“No, no lo dejaré pasar”, me dije finalmente, poniéndome de pie a pesar del dolor.
“No quiero vueltas ni juegos. Lo enfrentaré.”
Salí de mi habitación en silencio, las luces del castillo estaban bajas.
Avancé por los pasillos hasta llegar al balcón principal.
Lo vi ahí, de pie bajo la luz de la luna, fumando tabaco.
Su silueta era inconfundible, y su postura relajada contrastaba con la intensidad de mis emociones.
—¿Ivar? —dije, rompiendo el silencio.
Él giró la cabeza, sorprendido.
—Pensé que no ibas a hablarme por días —respondió, dejando el tabaco a un lado mientras me observaba con cuidado.
—Ya no soy una niña —dije, avanzando hasta quedar frente a él.
Sus ojos se clavaron en los míos, buscando algo.
Quizás intentando medir si mi decisión era firme.
—Entonces, ¿qué quieres decirme? —preguntó finalmente.
Respiré hondo antes de hablar.
—Lo que pasó en la cabaña… —comencé, pero él levantó una mano para detenerme.
—Sé que no manejé las cosas bien. No soy alguien que sepa tratar con delicadeza. Me preocupé por ti, pero… supongo que lo hice de la peor manera.
Lo miré fijamente.
No esperaba que él admitiera algo así tan rápido.
—No se trata solo de cómo manejaste las cosas —dije, cruzándome de brazos—. Se trata de entender que no soy alguien que necesite que la trates como si fuera de cristal.
—Eso lo sé, Xacnia. Pero no puedo evitar preocuparme por ti.
—¿Preocuparte o controlar? —pregunté, arqueando una ceja.
Él se tensó, su mandíbula apretándose antes de responder.
—¿De verdad piensas que quiero controlarte?
—A veces parece así —admití, aunque mi tono no era acusador, sino sincero—. Y no lo digo para pelear, Ivar. Lo digo porque si esto… nosotros… va a funcionar de alguna forma, necesitamos entendernos.
Él suspiró, pasando una mano por su cabello castaño oscuro.
—No te iba a matar, Xacnia.
—No te creo —respondí, cortante, cruzándome de brazos.
—¿De verdad piensas que sería capaz de hacerlo? —Su voz bajó un tono, y algo en sus palabras parecía herido, pero no me dejé intimidar.
—No lo sé. A veces no sé qué esperar de ti, Ivar. Hay momentos en los que pareces un hombre dispuesto a destruirlo todo… y otros en los que pareces alguien buscando desesperadamente algo que ni siquiera entiendes.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
