Cap 92 : Tus amigos en realidad son los verdaderos enemigos

7 0 0
                                        

Los días posteriores al banquete fueron extrañamente tranquilos.

Parecía que, por fin, los conflictos habían quedado atrás.

Ragnar había partido del castillo, dejando a Ivar como líder, y el pueblo lo celebraba.

El ambiente se sentía ligero, casi como un sueño.

Ivar estaba diferente, más relajado, pero también más ocupado.

Pasaba largas horas revisando mapas y escuchando a sus consejeros, y nuestras conversaciones se reducían a momentos robados entre sus obligaciones.

Yo intentaba no preocuparme; después de todo, él estaba cumpliendo el destino que tanto había deseado.

Pero algo no se sentía del todo bien.

Una tarde, mientras organizaba los libros en la biblioteca que él me había regalado, escuché a dos esclavas hablar cerca de la puerta.

Susurraban, como si temieran que alguien las oyera, pero sus palabras llegaron claras a mis oídos.

-Dicen que todo fue un plan de Ragnar -dijo una de ellas.

-¿Un plan? -preguntó la otra.

-Sí. Usó a la mujer de Ivar como carnada. Si no hubiera sido por ella, no habrían podido exponer a esos traidores.

Mis manos se detuvieron en seco sobre el lomo de un libro.

Sentí un nudo formarse en mi estómago.

¿De qué estaban hablando?

-Dicen que Ivar lo sabía -añadió la primera esclava.

-No puede ser. Él la ama, ¿no? -respondió la otra.

-Eso no cambia nada. Los hombres como ellos hacen lo que sea por el poder.

Cerré el libro con fuerza, y el ruido hizo que las esclavas se callaran al instante.

Salí al pasillo, pero ya se habían ido.

Mi corazón latía con fuerza mientras intentaba procesar lo que había escuchado.

¿Era posible que todo lo que sucedió en el banquete no fuera una simple coincidencia?

Me dirigí al salón principal. Ivar estaba sentado en el trono, revisando un pergamino.

Cuando me vio, sonrió, pero yo no le devolví el gesto.

-¿Qué pasa? -preguntó, su sonrisa desvaneciéndose al ver mi expresión.

Caminé hacia él, cruzando los brazos.

-Quiero que me digas la verdad, Ivar. -Mi voz era firme, pero por dentro sentía que me rompía en pedazos.

-¿La verdad sobre qué? -respondió, levantándose lentamente.

Di un paso adelante, mirándolo a los ojos.

-Sobre lo que realmente sucedió en el banquete. Sobre Ragnar. Sobre mí.

Su rostro cambió.

Era sutil, pero lo noté. Una tensión en su mandíbula, una sombra en sus ojos.

-¿Quién te dijo algo? -preguntó, su tono más frío.

-Eso no importa. Quiero escuchar la verdad de tus labios.

Ivar suspiró y pasó una mano por su cabello.

-Xacnia, no fue algo personal. Fue... necesario.

-¿Necesario? -repetí, mi voz temblando.

-Ragnar planeó usar el conflicto con esos hombres para exponerlos como traidores. Sabía que ellos querían atacarnos desde dentro, pero necesitaba una excusa para actuar. Tú... tú eras esa excusa.

Sentí como si el suelo se desmoronara bajo mis pies.

-¿Sabías esto desde el principio? -pregunté, apenas pudiendo hablar.

Ivar se acercó, intentando tomar mi mano, pero me aparté.

-Lo sabía, pero no quería que te lastimaran. Nunca permitiría eso.

-¡Pero lo permitiste! -grité, mi voz rompiéndose.

Nos quedamos en silencio por un momento.

Podía ver el arrepentimiento en sus ojos, pero también su determinación.

-Xacnia, todo lo que hice fue por nosotros. Por nuestro futuro.

Lo miré, tratando de encontrar alguna verdad en sus palabras que pudiera aliviar el dolor que sentía, pero todo lo que encontré fue el peso de su ambición.

-No sé si puedo perdonarte por esto, Ivar. -Mi voz era apenas un susurro.

Y sin esperar su respuesta, me di la vuelta y salí del salón, sintiendo cómo mi mundo se desmoronaba con cada paso que daba.




























El silencio del castillo era casi ensordecedor.

Las velas se consumían lentamente, arrojando sombras danzantes sobre las paredes.

Mi pecho dolía, pero no por las heridas de una batalla, sino por algo más profundo, algo que no podía vendar ni ignorar.

La traición.

Ivar.

Ragnar.

Ellos me habían tendido una trampa, y yo, ciega por el amor y la lealtad, había caído de lleno en ella.

Pero no me permitiría romperme.

No ahora.

El reino me necesitaba fuerte, y más importante aún, yo misma me necesitaba.

Respiré hondo, enderezándome frente al espejo.

Mi reflejo mostraba a una mujer cansada pero decidida.

"El amor es una ilusión peligrosa," pensé.

"El poder, en cambio, es tangible."

De repente, se me ocurrió una idea.

Una salida.

Una forma de proteger al pueblo y de liberarme de estas cadenas invisibles que los Lothbrok habían tejido a mi alrededor.

Ir a las vanguardias.

Buscar refugio, pero con una trampa.

Ragnar quería el trono, ¿no?

Entonces se lo cedería.

Pero no como un regalo, sino como un veneno que lo atara a sus ambiciones.

Con un plan en mente, comencé a prepararme.

La lucha no era solo contra ellos; era contra el destino que intentaban imponerme.



















________________________________________________

No se olviden de votar y comentar❤️‍🔥

El Mismo Temperamento Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora