Los esclavos apretaron las correas de la armadura sobre mis hombros, y el peso del cuero y el metal contra mi cuerpo me hizo sentir más alerta.
A cada tirón, a cada ajuste, me recordaba lo que estaba a punto de enfrentar.
Tomé la espada que había forjado con mi padre años atrás, una hoja que había visto más batallas de las que podía contar, pero esta vez, el eco de la guerra parecía diferente, como si algo más grande se moviera tras las sombras.
La lanza descansaba en mi mano izquierda, ligera, casi como una extensión de mi propio cuerpo.
Mis ojos recorrían el campamento.
Guerreros preparándose, armaduras relucientes a la luz de las hogueras, caballos resoplando ansiosos por la batalla.
Sabía lo que esto significaba.
Esta no era solo una lucha más; esto era un enfrentamiento decisivo para algo más grande, algo de lo que no me habían hablado completamente.
Me pregunté por qué Ivar me habría insistido en que participara en esta batalla.
Algo no encajaba, pero no podía detenerme a pensar en ello ahora.
Antes de partir, un esclavo me trajo agua.
Bebí en silencio, dejando que el líquido fresco se deslizara por mi garganta.
El mundo se volvía cada vez más pequeño, reduciéndose a mis armas, a mis compañeros, a la tierra bajo mis pies que pronto se teñiría de sangre.
"Prepárate," me dije. La guerra ya había comenzado en mi mente.
Cuando llegamos al campo de batalla, la vista me golpeó como una ola.
El cielo gris estaba cubierto de flechas que volaban como una lluvia letal.
El sonido de los tambores marcaba el ritmo de los corazones que latían alrededor, mientras los gritos de los soldados anunciaban el caos inminente.
El suelo, fangoso por las recientes Iluvias, hacía que cada paso fuera una lucha contra la tierra misma.
En la primera carga, los escudos chocaron con fuerza.
Mi lanza perforó el pecho del primer hombre que se me lanzó encima, su sangre caliente salpicó mi rostro, pero no tuve tiempo para pensar en ello.
Me moví con agilidad entre los guerreros, esquivando espadas, desviando golpes.
Mis sentidos estaban en llamas, cada fibra de mi ser se enfocaba en sobrevivir.
El enemigo era más fuerte de lo esperado, pero no más habilidoso.
Derribé a dos más antes de sentir el calor de una flecha rozar mi brazo, quemando la piel por encima del brazalete.
El dolor me recordó que no era invencible.
Mi respiración era irregular, el aire me quemaba los pulmones, pero me obligué a seguir avanzando.
Vi a Ivar a lo lejos, sus golpes eran brutales, llenos de rabia.
Por un momento, nuestras miradas se cruzaron.
Algo en sus ojos me impulsó a seguir luchando, a no retroceder.
Pero todo cambió en un instante.
Un guerrero enemigo, más grande que los demás, me interceptó.
Bloqué su primer ataque con mi espada, pero su fuerza me hizo retroceder unos pasos.
Fue un momento de distracción, un instante en el que bajé la guardia.
Y entonces lo sentí: un dolor agudo, frío, atravesándome el costado izquierdo.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
