La noche estaba en calma, y solo el canto de algunos grillos rompía el silencio mientras avanzábamos hacia el lago.
Caminábamos en paralelo, sin palabras, y con cada paso la tensión parecía crecer, como una cuerda a punto de romperse.
La luna llena proyectaba sombras largas y plateadas, pintando el paisaje con un brillo suave y misterioso.
Al llegar a la orilla, miré el agua oscura y luego a Ivar.
Estaba inmóvil, esperando, con la expresión seria de siempre, pero había algo en su mirada que me resultaba difícil de descifrar.
Sabía que el baño era necesario, que era la oportunidad perfecta para limpiar el polvo y el sudor del día, pero el pensamiento de desnudarme con él tan cerca hacía que mi respiración se acelerara.
—¿Podrías… darte la vuelta? —logré decir, con un tono apenas seguro.
Él no dijo nada, pero sus ojos se entrecerraron, mirándome un segundo más de lo necesario antes de asentir y girarse.
La manera en que lo hizo, con un movimiento deliberado y preciso, me hizo pensar que sabía exactamente lo que estaba causando en mí.
Mi corazón latía con fuerza, y sentí un ligero temblor en mis manos mientras desataba los nudos de mi vestido.
La tela se deslizó lentamente por mis hombros y brazos, hasta caer a mis pies en un susurro, dejándome completamente expuesta.
Un escalofrío recorrió mi piel al contacto con el aire fresco de la noche.
Sentía mis mejillas ardiendo, aunque nadie estuviera mirando.
A pesar de que Ivar tenía la espalda vuelta, la sensación de vulnerabilidad era inmensa, y tuve que reunir todas mis fuerzas para dar los primeros pasos hacia el agua.
El agua estaba fría al principio, un contraste casi chocante que me ayudó a calmar el temblor que sentía.
A medida que me sumergía, el lago me rodeaba, cubriéndome hasta los hombros, envolviéndome como un refugio donde podría olvidarme de la presencia de Ivar por unos minutos.
Sentí cómo el agua acariciaba mi piel, lenta y suavemente, y eso me permitió relajarme un poco.
Comencé a lavar mi cuerpo con las flores que había recogido en el camino, frotándolas suavemente sobre mi piel.
Su aroma delicado y dulce llenaba el aire, y por un momento dejé que el placer de esa limpieza me apartara de mis pensamientos.
Luego, unté miel en mis manos y la extendí sobre mi cabello, masajeando lentamente cada hebra. La sensación era reconfortante, el olor envolvente y cálido.
No obstante, por más que intentaba concentrarme en el baño, mi mente volvía a Ivar, y, sin darme cuenta, mis ojos lo buscaban.
Estaba completamente inmóvil, con la espalda hacia mí, los hombros tensos bajo la luz de la luna.
Una parte de mí se preguntaba si realmente no me observaba.
¿Sentiría él también esta tensión que me hacía respirar con dificultad?
Mi pulso se aceleró cuando lo miré de nuevo.
La luna iluminaba su figura de forma que parecía tallado en piedra, como una escultura de un dios guerrero.
Mi pecho subía y bajaba con rapidez, y el agua que debía tranquilizarme ya no servía para enfriar el calor que crecía en mi interior.
Sentía mi respiración agitada, y tuve que apretar los puños bajo el agua para contenerme.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
