El silencio es lo único que me queda.
Un eco profundo que retumba en mi mente, vacío y pesado, como un grito que nadie escuchará jamás.
Estoy aquí, rodeado de las sombras de lo que fue, mirando el lugar donde ella murió, donde me dejó... donde la dejé ir.
El suelo todavía tiene rastros de su sangre.
Mis manos también, aunque las he lavado mil veces.
No importa cuánto intente, el rojo nunca se va.
Se ha impregnado en mi piel, como si los dioses quisieran recordarme mi fracaso, mi pecado, mi amor perdido.
Miro a Ragnar, mi padre, con un fuego que nunca había sentido antes.
Un odio que crece en mi interior como una tormenta que amenaza con destruir todo a su paso.
Él está aquí, vivo, mientras Xacnia yace fría bajo la tierra.
¿Qué derecho tenía de quitarle la vida?
¿Qué derecho tenía de jugar con su destino?
Él me observa con esa mirada suya, siempre segura, siempre calculadora.
Pero yo ya no veo a un líder, ni siquiera a un padre. Veo al hombre que la llevó a esto.
El hombre que destruyó todo lo que amaba.
-¿Qué harás ahora? -me pregunta con voz baja.
-Nada -respondo finalmente, apretando los dientes. Mi voz suena distante, pero la rabia se filtra en cada palabra.
Porque no hay nada que hacer.
Xacnia era mi todo, y ahora que se ha ido, yo no soy más que un cascarón vacío.
Podría levantar mi espada, reclamar el trono, tomar todo lo que siempre quise... pero nada tiene sentido.
El poder no puede devolverme a Xacnia, y sin ella, ¿para qué lo quiero?
-No fue mi intención... -intenta decir.
-Cállate -le corto, girando la cabeza hacia él. Mi mirada lo atraviesa como un filo. -No digas ni una palabra más. Tú no entiendes lo que has hecho.
Sus ojos se estrechan, pero no dice nada.
Es mejor así.
Si sigue hablando, no sé si podré contenerme.
Recuerdo a Xacnia: su risa, su terquedad, su fuerza. Ella era un huracán, una tormenta imposible de contener. La amaba por eso. La odiaba por eso. Y ahora, la odio y la amo aún más porque no está.
Me levanto, incapaz de seguir viendo a mi padre.
-¿A dónde vas? -pregunta.
Lo miro por última vez, y las palabras salen de mi boca antes de que pueda detenerlas.
-Voy a asegurarme de que recuerdes esto para siempre. Cada vez que cierres los ojos, quiero que veas su rostro, padre. Quiero que sientas lo que yo siento.
Él no responde. No puede. No hay defensa ante la verdad que le acabo de lanzar.
Me alejo, dejando atrás la escena que me destrozó.
Pero no dejo el dolor.
Ese se queda conmigo, para siempre.
________________________________________________
Camino por el castillo, mis pasos retumban en los pasillos vacíos.
ESTÁS LEYENDO
El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
