Cap 93:El Refugio y el Encuentro Sorpresa

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El salón estaba iluminado solo por la luz de las antorchas.

Ragnar estaba de pie, frente al trono, con una postura tan arrogante como siempre.

Lo observé desde las sombras, mi mente calculando cada palabra, cada movimiento.

Salí al descubierto, dejando que mis pasos resonaran en el silencio.

—Te felicito, Ragnar —dije, mi voz firme—. Realmente no me lo veía venir.

Ragnar se giró, sorprendido por mi presencia.

—Xacnia...

—Supongo que todos dejan el amor y la lealtad por el bien propio y el poder, ¿no? —continué, cruzándome de brazos mientras lo miraba directamente.

Él suspiró, caminando hacia mí con un gesto conciliador.

—Vamos, Xacnia. Eres como una hija para mí.

Una risa amarga escapó de mis labios.

—¿En serio? —repliqué, acortando la distancia entre nosotros—. Tú y tu hijo me atraparon en sus garras. Ivar me enamora, tiene sexo conmigo para que no sospeche nada, y yo caigo como una niña ingenua.

Ragnar negó con la cabeza.

—Lo de Ivar no fue planeado.

—Claro que no —respondí, mi tono impregnado de sarcasmo—. No funcionó Ubbe conmigo, así que sigamos con el siguiente, ¿verdad?

—Mis hijos no sabían nada de esto —dijo con firmeza.

—Tal vez no. Pero cuando viste a Ivar conmigo, no perdiste la oportunidad de unirlo en tu juego.

Ragnar frunció el ceño.

—No es un juego.

—No, Ragnar. Conmigo no se juega. —Me acerqué más, mis ojos clavados en los suyos—. ¿Qué sigue? ¿Tu hijo iba a embarazarme mientras me la metía bien adentro?

—¡No hables así! —exclamó, su tono endurecido.

Sonreí con amargura, levantando las manos como si ofreciera algo al cielo.

—Gracias a los dioses no tengo la cabeza de una princesita soñadora con casamientos e hijos. No necesitas preocuparte por eso.

Ragnar me observó en silencio, su expresión era un enigma entre culpa y determinación.

—Esto nunca fue personal, Xacnia.

—Quizás para ti no, pero para mí sí lo fue todo. —Respiré hondo, mi decisión ya tomada—. Te cedo el trono, Ragnar.

Sus ojos se entrecerraron, sorprendido.

—¿Así de sencillo?

—Así de sencillo —respondí, mi voz fría como el acero—. Pero prométeme algo.

—¿Qué quieres?

—Prométeme que nunca volverás a buscarme. Tú, tus hijos, nadie relacionado contigo.

Él asintió lentamente, su mirada fija en la mía.

—Lo prometo.

Le di una última mirada.

—Espérame aquí.

Fui a mis habitaciones, empaqué lo esencial y me dirigí a la salida.

Cuando salí, ahí estaba Ragnar, esperándome como había prometido.

Me detuve frente a él, mis palabras cargadas de un reproche final:

—Por lo menos sé leal al pueblo, Ragnar, no solo a ti mismo.

El Mismo Temperamento Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora