El día siguiente, Ragnar y yo nos cruzamos en los jardines.
Él llevaba un aire tranquilo, como si nada en el mundo pudiera sacudir su compostura.
Yo, por el contrario, estaba inquieta.
Desde que llegué aquí, he sentido que cada conversación con él es como caminar por un campo minado, pero también sé que puedo aprender mucho de alguien como él.
—Debe ser difícil lidiar con todo este silencio —comentó, deteniéndose frente a mí.
—¿Hablas de tu hijo? —respondí sin mirarlo, pero no pude evitar que mi tono sonara un poco más cortante de lo que pretendía.
—Ivar no es alguien que pase desapercibido, incluso cuando está inconsciente —dijo con una ligera sonrisa—. Su ausencia pesa, ¿no?
Solté un suspiro, dejando la daga a un lado.
—Es extraño, sí. No sé cómo describirlo. Su intensidad... incluso cuando no está hablando, siempre llena el espacio.
—Así ha sido toda su vida —comentó Ragnar, sentándose en el césped frente a mí—. Incluso de niño, tenía una forma única de ocupar el mundo.
Lo miré, intentando leer más allá de sus palabras.
—¿Siempre fue así? ¿Tan… indomable?
Ragnar asintió lentamente, como si recordara algo lejano.
—Siempre. Desde el momento en que nació, Ivar fue una fuerza de la naturaleza. Pero también es un hombre complejo, con más capas de las que muchos alcanzan a ver.
—¿Y tú? ¿Las ves todas? —pregunté, genuinamente curiosa.
—Las que él me deja ver —respondió, con un tono que parecía mezclarse entre la admiración y la resignación—. Con Ivar nunca se sabe. Es como el mar: tranquilo en la superficie, pero con corrientes que podrían arrastrarte si no tienes cuidado.
Me quedé en silencio un momento.
—¿Lo amas?
Asentí lentamente, sin apartar la vista de él.
—Sí, lo amo. Pero también soy realista. Sé que conoceré a más personas y que, quizás, con el tiempo eso cambie.
—No te lo niego, pero tampoco te lo confirmo —respondió Ragnar, dejando escapar una sonrisa enigmática.
—No creo en amar a una sola persona para siempre —admití—. Creo que puedes enamorarte muchas veces, pero amarlo profundamente... eso me parece imposible con más de una persona.
Ragnar se quedó en silencio por un momento, como si reflexionara sobre mis palabras.
—En mi caso, solo amé a una mujer profundamente.
—¿Aslaug? —pregunté, sorprendida.
Rió suavemente, sacudiendo la cabeza.
—No. Lagertha.
La mención de ese nombre hizo que lo mirara con curiosidad.
—¿Cómo lo sabes? —pregunté, intrigada.
Ragnar miró hacia el horizonte, como si hablara más con el pasado que conmigo.
—Porque no importa cuánto tiempo haya pasado, ni cuántas otras mujeres haya conocido. A pesar de los mil años que no la he visto, y de saber que nunca la volveré a ver, sigo amándola. Pienso en ella sin razón aparente. Es como si una parte de mi alma estuviera atada a la suya.
—Pero has tenido millones de mujeres lindas, buenas, inteligentes y amables —repliqué, intentando comprender.
—Exacto —dijo con una sonrisa triste—. Y aun así, sin saber por qué, la amo a ella.
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El Mismo Temperamento
FantasiaXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
