La incertidumbre seguía consumiéndome, pero un suspiro de alivio escapó de mis labios al escuchar las palabras de la curandera:
“Está respirando”.
Observé cómo limpiaban la herida de Ivar y aplicaban ungüentos.
Las manos de las mujeres se movían con una precisión que sólo la experiencia podía otorgar.
Sin embargo, él seguía inconsciente, su pecho subía y bajaba con un ritmo pausado.
Me quedé junto a él, ignorando por completo mis propias heridas, que palpitaban como recordatorio de la batalla reciente.
No podía apartar los ojos de su rostro.
Aun dormido, Ivar parecía imponente, como si el sueño fuera una simple tregua en su lucha constante contra el mundo.
Pasaron varias horas, hasta que una de las esclavas, con amabilidad pero firmeza, me tocó el hombro.
—Señorita, necesitamos espacio para continuar nuestro trabajo. Por favor.
Sus ojos reflejaban respeto y preocupación.
Asentí, aunque con desgana, levantándome de la silla de madera.
Antes de salir, deslicé mis dedos por la mano de Ivar, esperando que aquel gesto lograra despertarlo.
Pero él no respondió.
El día transcurrió lentamente.
Ragnar, como siempre, logró lo que quería: la tierra.
El campamento estaba envuelto en celebraciones, pero yo no podía pensar en otra cosa que no fuera la figura inmóvil de Ivar.
Lo visité varias veces durante el día, siempre con la esperanza de encontrarlo despierto, pero su estado no cambió.
Cuando llegó la noche, me dirigí al salón principal para la cena.
Ragnar estaba allí, rodeado de los hermanos de Ivar.
La mesa estaba repleta de comida, bebida, y una atmósfera de relajación que contrastaba con mi estado de ánimo.
Me senté cerca, sin mucho ánimo de participar, pero no pasó mucho tiempo antes de que las bromas comenzaran.
Ubbe, con una sonrisa pícara, levantó su copa.
—¿Y ahora qué, padre? ¿Nos hacemos agricultores como estos campesinos?
Ragnar soltó una carcajada tan fuerte que hizo vibrar las paredes de madera.
—¿Agricultores? Más bien, conquistadores de trigo.
Los demás rieron, y Hvitserk añadió:
—Yo puedo arar los campos… si me prometen que me dejarán a todas las mujeres para mí.
—Te prometo que si haces eso, morirás soltero —respondió Ubbe, dándole un codazo.
La conversación siguió, llena de comentarios sarcásticos y burlas entre hermanos.
Por momentos, me encontré sonriendo sin querer.
Ragnar me observó de reojo, su mirada afilada, pero no dijo nada.
A pesar de la ligereza en el aire, yo no podía dejar de pensar en la ausencia de Ivar.
Mientras los hombres reían y brindaban, me pregunté cuánto más tendría que esperar para volver a escuchar su voz.
La incertidumbre era una carga pesada, pero por primera vez en todo el día, me permití un pequeño momento de distracción, compartiendo aquella cena con la familia que, en su caos, me hacía sentir menos sola.
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El Mismo Temperamento
FantasiXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
