Cap 75 : Solo Una Vez

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La noche estaba teñida de un silencio inquietante, como si incluso el viento hubiese decidido guardar respeto por lo que estaba a punto de ocurrir.

Ragnar llegó con paso firme, pero algo en su mirada era distinto.

Había una resolución en él que no había visto antes.

Cerró la puerta detrás de sí con cuidado, y durante un largo instante, ninguno de los dos habló.

Yo estaba sentada junto a la ventana, observando la luna que iluminaba tenuemente el paisaje helado.

Al escuchar sus pasos, me volví hacia él, y nuestras miradas se encontraron.

—Xacnia —dijo, su voz más grave de lo habitual—. Esta será la última vez que vengo.

Sus palabras cayeron como un peso insoportable sobre mis hombros.

No era inesperado, pero la realidad de escucharlo lo hacía más doloroso.

—Lo imaginaba —respondí en un susurro, volviendo la vista al exterior para evitar que viera las lágrimas que comenzaban a acumularse en mis ojos.

Ragnar dio unos pasos hacia mí, deteniéndose a una distancia prudente.

—Esto no está bien, lo sabes tanto como yo. Pero también sé que... esto nos ha ayudado a ambos, de formas que quizás no podamos admitir.

Me levanté de mi asiento, sintiendo cómo mi pecho se oprimía.

No sabía qué decirle. Había tantas emociones enredadas dentro de mí: gratitud, tristeza, frustración.

Lo odiaba por marcharse, pero también lo entendía.

—No sé cómo llenar este vacío —admití finalmente, con la voz quebrada—. Me siento como una prisionera, no solo de este lugar, sino de mí misma.

Ragnar dio un paso más cerca, y por primera vez en mucho tiempo, su expresión se suavizó.

—No eres prisionera, Xacnia. Eres más libre de lo que crees.

—¿Entonces por qué se siente como si no lo fuera? —pregunté, mirándolo directamente a los ojos.

Hubo un largo silencio.

Ragnar alzó una mano como si quisiera tocarme, pero se detuvo a medio camino.

—Porque la libertad no siempre viene de afuera —dijo—. A veces, debemos encontrarla dentro de nosotros mismos.

Sus palabras resonaron en mí, pero no llenaron el vacío que sentía.

Sin pensarlo demasiado, me acerqué a él.

Mi corazón latía con fuerza, y antes de que pudiera detenerme, me incliné y rocé sus labios con los míos en un beso breve y titubeante.

—Solo una vez —murmuré, retrocediendo inmediatamente, evitando su mirada.

Ragnar se quedó inmóvil, sorprendido, pero no dijo nada.

Después de un momento, exhaló profundamente y asintió.

Su beso fue suave y corto, pero lo suficientemente intenso como para hacer que mi corazón latiera con fuerza

—Adiós, Xacnia.

Sin más palabras, se giró y salió de la habitación.

La puerta se cerró con un suave clic, y el silencio volvió a envolverme.

Me dejé caer en la silla, sintiendo que algo dentro de mí se rompía y se reconstruía al mismo tiempo.

Esa noche, la luna pareció brillar más que nunca, como si entendiera la despedida que acababa de ocurrir.

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