El sonido del caos resonaba en cada rincón del castillo.
Los gritos, los choques de acero y los rugidos de la batalla inundaban el aire.
El fuego comenzaba a devorar las vigas superiores, mientras las sombras danzaban sobre las paredes de piedra.
Thorgrim entró al gran salón como un huracán, su rostro enrojecido de rabia y su hacha cubierta de sangre.
—¡¿Dónde están los traidores?! —rugió, su voz como un trueno.
Me mantuve oculta por un instante más, esperando a que su atención se desviara hacia el soldado que jadeaba al fondo.
—Mi señor… —El hombre apenas podía hablar, con el rostro cubierto de sudor y miedo.— Es la tropa de Ivar. Han atravesado las puertas… están dentro.
Thorgrim lo miró con un desprecio que helaría la sangre de cualquiera.
—¡Inútiles! —espetó, lanzándole una mirada que lo hizo retroceder tambaleándose.
Entonces, sus ojos se encontraron con los míos.
Estaba de pie junto a una columna, sin intención de ocultarme más.
Mi espada descansaba en mi mano derecha, pero mi postura era tranquila, casi relajada.
—Tú… —Thorgrim gruñó, señalándome con el filo de su hacha.— ¡Xacnia, ve a luchar! Ivar nos traicionó, y ahora su sangre está en tus manos.
No me moví.
En lugar de obedecer, comencé a caminar lentamente, mis pasos resonando en el eco del gran salón.
Mantenía la mirada fija en él, con una sonrisa fría dibujada en mis labios.
—¿No escuchaste, mocosa? —gruñó, avanzando hacia mí con su hacha lista para atacar.— ¡Te ordené que luches!
Di un paso más, y luego otro, rodeándolo como si fuera un depredador estudiando a su presa.
—Oh, voy a luchar, Thorgrim. Pero no contra ellos.
Desenvainé mi espada, el brillo del acero reflejando las llamas que se alzaban a lo lejos.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó, entrecerrando los ojos. Una risa burlona escapó de sus labios cuando entendió.— Entonces, eras tú. Tú eres la traidora.
Solté una carcajada, afilada y fría.
—Eso es lo gracioso, Thorgrim. No tuve que mover un dedo para que vinieran a hundir tu castillo. Pero lo que sí haré… —avancé un paso más, sosteniendo mi espada con firmeza— es tomar tu trono.
—¿Mi trono? —rio con desprecio, levantando su hacha.— Primero tendrás que pasar sobre mi cadáver, maldita.
—Con gusto.
El primer choque de nuestras armas fue ensordecedor.
Su fuerza era descomunal; cada golpe suyo era como el impacto de una tormenta.
Retrocedí para esquivar un tajo brutal, pero el filo de su hacha aún logró rozar mi costado, dejando un corte superficial que ardió como fuego.
—¿Eso es todo lo que tienes, niña? —se burló, avanzando como una bestia imparable.— ¿Crees que puedes derrotarme con tu agilidad de ratón?
No respondí.
Cada golpe suyo era brutal, pero predecible.
Comencé a girar alrededor de él, cortando en puntos estratégicos: un tajo en el muslo derecho, otro en el antebrazo izquierdo.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
