La lluvia golpeaba con furia la cabaña mientras mi cuerpo se debatía entre la resistencia y el abandono.
El frío de la tormenta contrastaba con el ardor abrasador que crecía dentro de mí.
Con cada movimiento suyo, sentía como si mi piel ardiera, como si él fuera el fuego que había venido a consumir todo lo que creía ser.
Cada entrada era un golpe de calor que me recorría desde el vientre hasta los labios, un ardor que no desaparecía, sino que se intensificaba, como si mi cuerpo estuviera hecho para este instante, para este choque de fuerzas y emociones.
Quería gritar, pero lo que salía de mi boca no eran palabras, solo suspiros entrecortados, gemidos que no podía contener.
Mis brazos permanecían atrapados sobre mi cabeza, inmovilizados bajo su agarre firme.
Había fuerza en su control, pero también algo más, algo que hacía que mi pecho se elevara con más fuerza, que mi respiración se acelerara.
La vulnerabilidad de estar a su merced debería haberme asustado, pero en lugar de eso, sentí una extraña satisfacción.
No era debilidad, sino una fuerza diferente, una que nunca antes había experimentado.
El dolor de la herida seguía presente, un recordatorio punzante que acompañaba cada movimiento.
Podía sentir cómo la sangre seguía saliendo, pero el calor de su cuerpo contra el mío hacía que todo lo demás se desvaneciera.
Era como si ese dolor físico alimentara algo más profundo, como si fuera parte de la intensidad de lo que estaba sucediendo entre nosotros.
Los sonidos de la tormenta afuera se mezclaban con los de nuestros cuerpos chocando, con los gemidos que escapaban de mis labios, incontrolables.
Intenté contenerlos al principio, pero él, con cada movimiento, cada mirada intensa, me hacía sucumbir.
No había espacio para el orgullo aquí, no cuando él parecía estar llevándome a un lugar donde nunca antes había estado, a un límite que no sabía que existía.
—Dime, Xacnia... —murmuró de repente, su voz baja y cargada de desafío—. ¿Así te hacía apretar Ragnar?
Sus palabras se clavaron en mi mente como una daga, pero en lugar de enfurecerme, sentí cómo mi cuerpo respondía de una manera que no podía explicar.
No era rabia lo que sentí, sino una chispa de algo más oscuro, más visceral.
Lo miré, mis labios curvándose en una sonrisa suave, y dejé escapar una risa corta, casi burlona.
Él se inclinó hacia mí, sus ojos oscuros ardiendo con una intensidad que me hacía sentir como si estuviera siendo devorada.
Su beso fue brusco, lleno de mordidas que me dejaron sin aliento.
Había algo primitivo en él, algo que me hacía perderme completamente, olvidar el frío, la herida, la lluvia.
El ardor seguía creciendo, cada entrada un nuevo golpe de calor que me atravesaba por completo.
Mi cuerpo temblaba bajo el peso de su fuerza, pero no era solo por eso.
Era la mezcla de emociones, de sensaciones, la forma en que él me hacía sentir viva de una manera que nunca antes había experimentado.
Aunque mis brazos estaban inmovilizados, sentí que tenía el control de otra manera.
Cada respuesta de mi cuerpo, cada gemido que escapaba de mis labios era una victoria silenciosa.
ESTÁS LEYENDO
El Mismo Temperamento
FantasíaXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
