Cap 33 : La gran batalla

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El atardecer pintaba el cielo de naranjas y violetas mientras el carro avanzaba por el camino polvoriento.

Los caballos trotaban con una cadencia constante, sus cascos resonaban en el silencio que nos rodeaba.

Cada kilómetro nos acercaba más a casa, a la finca donde debía encontrar algo de paz, pero una inquietud crecía dentro de mí.

El aire estaba cargado de una tensión casi imperceptible, algo que no podía ver, pero que se sentía como una advertencia en mi pecho.

Björn iba junto a mí, su semblante era serio, tan tenso como el mío.

Desde que salimos, apenas habíamos intercambiado palabras, pero no hacía falta.

Ambos sabíamos que este regreso no sería tan sencillo como habíamos esperado.

Adrian, en la parte trasera del carro, tamborileaba nerviosamente con los dedos sobre la madera, mirando hacia los costados como si temiera una emboscada en cualquier momento.

Los últimos rayos de sol se filtraban por los árboles cuando la finca apareció finalmente a la distancia, pero algo no estaba bien.

La figura de un hombre se destacaba junto a la entrada, inmóvil, como si nos hubiera estado esperando.

El miedo me atravesó como un relámpago antes de reconocerlo: Mikkelsen.

Mi corazón dio un vuelco.

No podía ser él, no aquí, no ahora.

Le había dado por muerto, creía haber acabado con él, pero su sombra permanecía viva en mi mente, y ahora, también ante mis ojos.

Su silueta se mantenía firme, desafiante, como si su simple presencia fuera una amenaza latente.

Mi cuerpo reaccionó de inmediato, tensándose, preparándose para lo inevitable.

Björn fue el primero en hablar, su voz rota por la ira y la incredulidad.

-¡Adrian! -gritó mientras tiraba de las riendas, deteniendo el carro de golpe.
Los caballos relincharon, nerviosos por la brusquedad.- ¿Qué demonios es esto? ¿¡Por qué está Mikkelsen aquí!?

Adrian, que parecía tan sorprendido como nosotros, se bajó del carro con un salto.

Su rostro estaba pálido, los ojos desorbitados.

-¡Lo mataré ahora mismo! -exclamó con la voz temblorosa, mirando de reojo a Mikkelsen, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

Mis manos estaban temblorosas, pero no de miedo.

Era ira lo que bullía en mi interior.

Había fallado al no acabar con él antes, y ahora estaba aquí para cobrar lo que consideraba suyo.

No podía permitir que su presencia alterara el control que tanto me había costado mantener.

-Yo me encargaré de esto -murmuré, tomando aire profundamente, intentando que mis palabras salieran con la mayor firmeza posible.

Bajé del carro con calma, aunque mi corazón latía con fuerza en mis oídos.

Los sonidos del entorno se apagaron, el mundo se estrechó hasta que solo quedábamos Mikkelsen y yo.

Mi mano descansaba sobre la empuñadura de mi espada, el metal frío contra mi piel me anclaba en el presente.

No había espacio para el miedo ahora.

A medida que me acercaba, mis recuerdos volvieron al día que creí haberle dado fin.

Lo había dejado herido, sangrando, pero vivo.

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