Cap 76 : Round 1

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Estaba en la biblioteca, disfrutando de un momento de tranquilidad mientras ordenaba los libros viejos que había encontrado en un rincón polvoriento.

La calma era rara en este lugar, y trataba de aprovecharla siempre que podía.

Pero, por supuesto, él tenía que aparecer.

El sonido de las botas de Ivar era inconfundible: firme, decidido, como si el mundo le perteneciera.

Sabía que no se iría sin intentar molestarme.

-¿Todavía aquí, desperdiciando el tiempo? -dijo desde el marco de la puerta, con ese tono arrogante que me sacaba de quicio.

Me giré lentamente, enfrentándolo con una mirada que esperaba fuera lo suficientemente fría para congelarlo.

-No todos pasamos el día intentando demostrar lo que ya sabemos que no tenemos -respondí, volviendo a mi tarea como si su presencia no significara nada para mí.

El aire pareció volverse más pesado.

Pude sentir su cambio de postura, cómo esa burla habitual en su rostro se transformaba en algo más serio, más oscuro.

-¿Y qué crees que no tengo, Xacnia? Ilumíname.

Ahí estaba de nuevo, tratando de provocarme, buscando que reaccionara.

Pero yo no le iba a dar el gusto tan fácilmente.

-Control. Madurez. Quizás incluso cerebro. Levanté un libro, fingiendo estar completamente absorta en él-. Aunque no debería sorprenderme; alguien como tú piensa que gritar más fuerte lo hace más fuerte.

No necesitaba mirarlo para saber que lo había enfurecido.

Su respiración se volvió más pesada, y en cuestión de segundos, sentí su sombra sobre mí.

-Cuidado con lo que dices, mujer -me advirtió, su voz baja pero cargada de amenaza-. Hay cosas que ni siquiera tu lengua afilada podrá arreglar.

No me moví.

No podía permitirle que pensara que tenía poder sobre mí.

Levanté la vista y di un paso hacia él, dejando apenas un resquicio de aire entre nosotros.

-Y hay cosas que ni tu fuerza bruta podrá arreglar, Ivar.

No supe quién perdió el control primero.

Tal vez fui yo.

Tal vez él.

Lo siguiente que supe fue que lo había empujado con ambas manos, y él había retrocedido un paso.

-¿Eso es todo lo que tienes? -dijo con una sonrisa burlona, como si lo hubiera divertido.

Mi sangre hervía.

-No me hagas mostrarte todo lo que tengo.

La chispa encendió el fuego.

Avanzó hacia mí, agarrándome de los brazos con tanta fuerza que sentí cómo sus dedos se clavaban en mi piel.

No lo pensé.

Mi rodilla impactó contra su muslo, y él gruñó, soltándome lo suficiente como para que pudiera apartarme.

-¡Eres una salvaje! -espetó, mirándome como si no pudiera creer lo que acababa de hacer.

-¿Y tú qué eres? ¡Un déspota con un ego más grande que su cerebro! -le grité, sin medir mis palabras.

Le lancé un golpe al rostro, pero él lo esquivó y atrapó mi muñeca.

Tiró de mí, empujándome contra la pared con más fuerza de la necesaria.

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