La fría nieve caía suavemente sobre nosotros mientras yacíamos juntos en el suelo helado.
El aire estaba cargado de una quietud que solo se encontraba en los rincones más solitarios de este vasto mundo.
No podía evitar sentir mi piel erizada por el frío, pero su cercanía me daba un calor que no entendía del todo.
Me aparté un mechón de pelo que se había pegado a mi frente por el sudor.
Mi voz, aún temblorosa por la intensidad del momento, rompió el silencio.
—¿Te gustó? —pregunté, con una ligera sonrisa en los labios, buscando en sus ojos una respuesta que confirmara lo que ya sabía.
Ivar se rió suavemente, dejando escapar una risa que resonó en el aire helado.
—El sexo me encantó —respondió, sin pensarlo demasiado.
Lo miré, sorprendida por su respuesta tan directa.
—No, imbécil —dije, sonriendo, pero con una ligera burla en mi tono—. El regalo.
Ivar se quedó en silencio por un momento, como si la pregunta le hubiese tomado por sorpresa.
Luego, sonrió de nuevo, su risa quedando impregnada en sus palabras.
—Ah, claro, el regalo —dijo, inclinándose hacia mí y dándome un beso rápido. Pero en su mirada se percibió algo diferente, algo más profundo.
Mi sonrisa se desvaneció, y un silencio pesado llenó el aire.
—¿Qué pasa? —pregunté, notando el cambio en su actitud.
Ivar dejó de sonreír por un instante, su rostro se tornó serio.
Miró hacia abajo, como si sus palabras estuvieran atrapadas en algún lugar lejano.
—Nunca me habían dado una sorpresa... No como esta —respondió, su voz más suave ahora, como si compartiera algo vulnerable.
Suspiré, sintiendo el peso de sus palabras.
—Mientras esté yo, quiero hacerte feliz —dije, mirando sus ojos. Quería que supiera que eso era lo que más me importaba.
Ivar levantó una ceja, un leve rastro de una sonrisa asomando en su rostro.
—Desde que te conocí, ya soy feliz —respondió, su voz cargada de sinceridad.
Fruncí el ceño ligeramente, casi sin poder creerlo.
El cariño que me brindaba me causaba una mezcla de emociones, y una parte de mí sentía que era algo demasiado perfecto para ser real.
—¿Tanto cariño me das que me da náuseas? —dije, con un tono irónico, pero sin poder evitar reír.
Ivar levantó una mano y la colocó sobre mi hombro, como si intentara calmarme.
—No seas así —dijo, sus ojos brillando con una mezcla de cariño y desafío.
Reí de nuevo, aunque esta vez mi risa se volvió más suave.
—¿Qué tan real es esto para ti, Ivar? —pregunté, ya sin poder ocultar mi inseguridad. Mi voz tembló levemente, pues era una pregunta que llevaba rondando en mi mente.
Ivar no contestó de inmediato.
En su lugar, apartó un mechón de mi pelo corto y lo colocó suavemente detrás de mi oreja, su gesto delicado pero firme.
—¿Sigues dudando? —dijo, con una sonrisa suave, mientras me miraba fijamente a los ojos. —Xacnia, sé que estás insegura con nuestra relación. Tienes miedo de que no sea real, de que solo haya sido un pasatiempo. Pero no es así. Ya no quiero que pienses más en eso. Saca eso de tu cabeza.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
