Los pasillos del castillo parecían más largos que de costumbre.
Las paredes, cargadas de banderines y armas ceremoniales, no eran más que un recordatorio de las batallas que nunca terminaban: las de afuera y las de adentro.
La corona pesaba más de lo que imaginé cuando decidí tomar este camino.
Ser reina no era solo un título, era cargar con las expectativas, los juicios, las críticas y, sobre todo, las tensiones constantes con Ragnar.
Él era un líder nato, un hombre acostumbrado a que su palabra fuera la última.
Y yo, alguien que nunca había sabido cómo inclinar la cabeza.
En la última semana, nuestras discusiones se habían vuelto más intensas.
—No puedes ignorar a los vasallos del sur, Xacnia. Su apoyo es crucial para la estabilidad del reino.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Que me incline ante ellos como si no valiera nada? Ragnar, no soy una moneda de cambio.
—No se trata de valor, se trata de estrategia.
Esa palabra, estrategia, siempre parecía salir de su boca como una daga disfrazada de consejo.
Pero yo no era alguien que viviera para cumplir las expectativas de los demás.
Otra vez, recordé la noche en la que discutimos sobre la reforma de las tierras.
Había propuesto redistribuir parcelas a los campesinos, pero él lo consideró una amenaza a las alianzas con los nobles.
—Tu idea es noble, pero es peligrosa. Si quitas tierras a los que nos apoyan, perderemos aliados.
—¿Y qué pasa con la gente que trabaja esas tierras y muere de hambre, Ragnar? ¿Su apoyo no cuenta?
—Cuentas con mi apoyo, pero necesitas ser más calculadora.
Había golpeado la mesa en ese momento, furiosa por cómo intentaba enseñarme a ser algo que no era.
"Estoy cansada," pensé, cerrando los ojos.
De repente, los recuerdos se agolparon como una tormenta:
La mirada de Ragnar, llena de frustración, después de otra discusión acalorada.
La tensión en las reuniones con los consejeros, quienes siempre parecían subestimarme.
Los susurros de los sirvientes, cuestionando mi lugar junto a un hombre como él.
El peso de las decisiones que parecían nunca tener una solución perfecta.
Respiré profundamente, intentando calmar el latido acelerado de mi corazón.
Pero el aire parecía escaparse, y mi pecho comenzó a subir y bajar con rapidez.
—Yo puedo —dije en un susurro, casi como si no estuviera segura de ello.
Me miré al espejo, mis manos temblando ligeramente.
—Siempre pude sola. Lo haré. Deja de estresarte ya.
Apreté los puños y enderecé la espalda, obligándome a recuperar la compostura.
No podía permitirme debilidades, no ahora.
---
La Reunión de Reyes y Reinas
El salón principal estaba lleno de ecos cuando llegué.
Ragnar ya estaba ahí, hablando con algunos de los otros líderes.
ESTÁS LEYENDO
El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
