Un año antes
La nieve caía copiosamente, cubriendo el sendero que conducía a Vindheim.
Cada paso que daba resonaba en mi mente, recordándome el destino que me esperaba.
A medida que avanzábamos, la fría brisa del norte se colaba entre mis ropas, haciéndome sentir más incómodo.
Freydis caminaba a mi lado, hablando con entusiasmo sobre las leyendas de la región, pero yo apenas podía concentrarme.
Mis pensamientos estaban en otra parte, en lo que había dejado atrás y en lo que podría encontrar en este nuevo lugar.
Finalmente, avistamos la tenue luz de un bar en la distancia, un refugio prometedor contra la tormenta.
Al acercarnos, el sonido de risas y música se hacía más fuerte, y no podía evitar desear entrar y sumergirme en la calidez de la taberna.
La promesa de buena comida y bebida siempre era tentadora, pero también había algo más que me inquietaba: el aire cargado de rumores y secretos.
Al cruzar el umbral, el calor me envolvió como una manta.
El lugar estaba repleto de aldeanos reunidos, compartiendo historias y risas, y el aroma de carne asada y cerveza fresca llenaba el aire.
Las llamas de la chimenea crepitaban, proyectando sombras danzantes en las paredes de madera.
Me detuve un momento, dejando que la atmósfera me empapara, sintiendo que cada risa y cada historia eran un recordatorio de la vida que anhelaba y temía a la vez.
-¿Así que este es el famoso Vindheim? -musité, observando el bullicio de la taberna con una mezcla de curiosidad y desdén.
Había algo en la alegría de la gente que me resultaba ajeno, como si siempre estuviera un paso atrás, atrapado en mi propio mundo de conflictos.
Freydis se quitó la capa y se acercó a la barra, su risa resonando en el aire.
-Parece un lugar interesante. Quizás no sea tan aburrido como creí -dijo con una sonrisa traviesa.
Intenté igualar su entusiasmo, pero una parte de mí seguía sumida en pensamientos oscuros.
El tabernero, un hombre robusto con una risa contagiosa, nos sirvió dos jarras de cerveza espumosa y un plato de carne humeante.
Le agradecí el gesto, pero mientras daba un trago a mi bebida, mi mente divagaba hacia lo desconocido que se cernía sobre nosotros en este nuevo pueblo.
El aire estaba impregnado de un olor a cerveza derramada y carne asada, y las risas y gritos de los clientes creaban un bullicio constante que resonaba en mis oídos.
-Nunca pensé que me vería atrapado en este lugar, Freydis. Cada día es una lucha, pero siento que hay más en juego de lo que parece -dije, mirando el vaso de hidromiel en mis manos.
-¿Más en juego? -replicó, con una ceja arqueada-. Aquí estamos rodeados de enemigos y aliados por igual. Debes ser más astuto, Ivar. La fuerza no lo es todo.
Su tono incisivo me irritó.
Sabía que tenía razón, pero la idea de depender de algo más que de mi propia fuerza era difícil de aceptar.
-No es solo fuerza lo que necesito. Hay una estrategia en la batalla, y no puedo simplemente esperar a que otros actúen. No puedo dejar que me vean como un debilucho -respondí, apretando el vaso con fuerza.
-Debilucho o no, no estás solo en esta lucha. Xacnia... ella es una aliada, aunque no lo quieras aceptar. Su inteligencia puede ser tu mayor ventaja -dijo, inclinándose hacia mí, su voz casi un susurro entre el estruendo del lugar.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
