Estar con Adrian era como ver las partes de un rompecabezas desordenado que, poco a poco, comenzaban a encajar.
Había tanto detrás de su semblante tranquilo y su mirada atenta, y mientras hablábamos, me daba cuenta de que él tenía más secretos de los que alguna vez imaginé.
-Sabes, con Mikkaelson... -empezó, manteniendo su mirada fija en el suelo por un momento antes de alzarla hacia mí-. Él era mi hermano. Lo quería mucho, como a alguien de mi propia sangre. Pero... aunque era mi familia, aprendí a la fuerza que nadie, ni siquiera él, tiene derecho a hacerme daño. Nunca dejaría que nadie me pisoteara, ni siquiera un hermano.
Mientras lo escuchaba, no pude evitar que su confesión me llevara de regreso a mis propios recuerdos.
Pensé en mi padre.
Él también me había lastimado, y aunque el amor hacia él había sobrevivido en mí de alguna manera, la herida que dejó también persistía.
La vida parece poner a prueba nuestros límites, incluso con quienes más queremos.
-Y luego... cuando llegaron Ragnar y sus hijos -continuó Adrian, una sonrisa amarga en su rostro-. Mikkaelson y yo estábamos preparados para todo. Pero Ivar... él era otro tipo de persona. Siempre supe que no le interesaba nada ni nadie. Ivar no deja que nadie se acerque a él. -Soltó una risa apagada, como si aún le sorprendiera esa frialdad.
Lo miré, con una duda en la mente que no podía seguir ignorando.
-¿Y sobre mi secuestro? -pregunté, buscando una explicación, cualquier pieza de información que me ayudara a entender por qué fui atrapada.
Adrian suspiró, como si estuviera reuniendo el valor para responder.
-El plan era otro, Xacnia -admitió, entrelazando los dedos con algo de nerviosismo-. Mikkaelson iba a encontrarse con Bjorn en un momento específico, pero él se adelantó... y todo se salió de control. Te atrapó antes de tiempo. -Hizo una pausa, clavando su mirada en la mía-. Menos mal que nunca sospecharon nada. Si lo hubieran hecho, no podría haber hecho nada por ti.
Asentí, procesando su explicación.
Sabía que Adrian había estado de mi lado, pero no sabía que había arriesgado tanto.
Me quedé callada, sonriéndole en agradecimiento.
-Gracias, Adrian. De verdad.
Él me devolvió la sonrisa, aliviado, pero en su rostro seguía habiendo una leve preocupación.
-Aunque... debo preguntarte algo -añadí, con un toque de picardía en la voz para aligerar el ambiente-. ¿Qué pasa con esa chica rubia? La que siempre te mira.
Él soltó una carcajada suave, algo que pocas veces se le veía hacer.
-Ah, ella... -rió, pasando una mano por su cabello-. Ella me ama. No hace falta que me diga nada, lo sé en su mirada. Y, bueno, ahora puedo decir que yo también la amo. -Se encogió de hombros, sonriendo con una calidez que lo hacía parecer diferente-. Tal vez... nuestro propio cuento de hadas.
Yo sonreí, sintiéndome extrañamente feliz por él, como si ver algo bueno en su vida ayudara a apaciguar mis propios recuerdos.
Más tarde, ya en el comedor, Matteo se sentó a mi lado, y la conversación ligera que tuvimos fue el cierre perfecto de una noche agitada.
-Bueno, debo ir a dormir -dije, sintiendo el peso del cansancio en los párpados.
Matteo me sostuvo la cara con una ternura inesperada y me dio un beso en la frente.
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
