Cap 71: Navidad!

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La nieve caía con suavidad en el pueblo, cubriendo cada rincón con una capa brillante.

Las luces cálidas de las casas contrastaban con el frío exterior, y el aire estaba impregnado del aroma a pan recién horneado y especias.

Había risas, cánticos, y un ajetreo que hacía que mi corazón se llenara de algo que no sentía desde hace mucho: paz.

Me escabullí sin ser vista, caminando entre la gente que ofrecía frutas y dulces con una sonrisa amable.

Me sorprendió cuánto podía cambiar el mundo fuera de los muros del castillo.

Aquí, no era más que otra persona entre la multitud.

Acepté un puñado de frutas secas de una anciana que insistió con una calidez que me abrumó.

No recordaba la última vez que alguien me ofreció algo sin esperar nada a cambio.

Cuando volví al castillo, me encontré con un contraste absoluto: estaba completamente decorado, cada rincón iluminado por velas y adornos, pero reinaba un silencio casi sepulcral.

Solo el crujir de la madera al moverse me recordaba que no estaba completamente sola.

Caminé hacia el comedor, pero antes de sentarme, Thorgrim me miró desde el umbral con una sonrisa burlona.

—Vas a cenar frío.

—No voy a cenar —le respondí con el mismo tono antes de encerrarme en mi habitación.

El silencio se hizo aún más profundo con la caída de la noche.

Estaba sumida en mis pensamientos cuando escuché pasos en el pasillo.

Supe de inmediato quién era.

Me levanté y abrí la puerta antes de que tocara.

Allí estaba Ragnar, cubierto con una capucha y cargando una manta llena de cosas.

—Entra rápido —susurré, haciéndolo pasar antes de que alguien más lo viera.

Ragnar dejó la manta en el suelo y me miró con una sonrisa traviesa.
—A festejar.

—¿Y tus hijos? —pregunté, desconfiada.

—Llegaré antes de la medianoche, no te preocupes. Ahora disfruta.

Sacó de la manta un festín improvisado: pan, frutas, jugo, y una botella de vino.

No pude evitar sonreír ante su gesto.

—¿Y Ivar? —pregunté, casi temiendo la respuesta.

Ragnar bufó mientras se sentaba en el suelo.

—Digamos que volvió a ser el Ivar de siempre: violento, loco y narcisista.

Reí suavemente, aunque sabía que no era gracioso.

—Aunque suena gracioso, no lo es.

Ragnar alzó su copa improvisada y me miró con algo de complicidad.

—Entonces brindemos por lo que sí es gracioso.

En un momento,comenzamos a conversar

—La vida no es más que una serie de decisiones, Xacnia. Algunas nos definen, otras nos destruyen.

Lo miro pensativa—Es curioso cómo el destino nos da tantas opciones, pero al final, siempre parece que elegimos el camino más difícil.

— Es la naturaleza humana. La comodidad nos asfixia, nos lleva a la mediocridad. Solo cuando el camino se vuelve difícil, nos sentimos vivos.

Lo miro fijo—¿Y tú, Ragnar? ¿Nunca has deseado un poco de calma, un respiro de todo este caos?

Se quedo en silencio por un momento,pero prosiguió— La calma nunca ha sido mi amiga. La vida, para mí, siempre ha sido un desafío. Pero hay algo… algo que te mantiene en pie. Algo que te hace seguir adelante.

Sonrío ligeramente—¿Y qué es eso? ¿El poder?

—No solo el poder. La certeza de que, al final, lo que hacemos tiene un propósito, aunque no lo entendamos de inmediato. El valor de arriesgarse, de no rendirse.

—Yo solía pensar que la vida era solo un juego de supervivencia. Pero a veces me pregunto si hay algo más, algo que justifique todo el sufrimiento.

Me mira con seriedad— A veces, Xacnia, el sufrimiento es lo que nos enseña. Lo que nos moldea. No hay propósito sin lucha, y no hay lucha sin dolor.

Bajo mi mirada — A veces me pregunto si es todo lo que nos queda, sobrevivir hasta el final.

— Quizás no todo, pero en lo más profundo, hay algo más. Tal vez, algún día lo encuentres.

El Mismo Temperamento Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora