El sol brillaba con fuerza, y la brisa suave me acariciaba la piel mientras me acomodaba en el pasto.
Estaba absorta en un libro que había encontrado en uno de los rincones del castillo, una recopilación de leyendas vikingas que siempre me habían fascinado.
Las historias de héroes, batallas y sacrificios me transportaban a un mundo donde la aventura era el pan de cada día.
Hoy, leía sobre Eirik, un guerrero que se enfrentó a un dragón en busca de un tesoro escondido en lo alto de una montaña.
Con cada página, el relato se tornaba más intenso.
Eirik debía sacrificar algo muy querido para él para obtener el poder del dragón.
Mi corazón latía al ritmo de la historia; podía imaginar su valentía, la tensión en su pecho mientras tomaba la difícil decisión entre el amor y el deber.
Fue entonces cuando escuché un suave crujido detrás de mí.
Me volví y vi a Matteo, quien se acercaba con una jarra de agua y un sándwich de pan con carne. Su sonrisa era cálida y contagiosa.
—Aquí tienes —dijo, ofreciéndome la comida con una mezcla de entusiasmo y nerviosismo.
—Gracias, Matteo —respondí, sonriendo mientras tomaba el sándwich. No esperaba compañía, pero la presencia de Matteo era siempre un alivio.
Se sentó a mi lado en el pasto, la hierba fresca debajo de nosotros.
Sus ojos brillaban con curiosidad mientras me observaba.
—¿Qué lees? —preguntó, inclinándose un poco hacia mí.
Cerré el libro con cuidado y lo coloqué sobre mis piernas, sintiendo la necesidad de compartir la historia que tanto me había atrapado.
—Es una leyenda vikinga —comencé—. Habla de un guerrero llamado Eirik, quien se enfrenta a un dragón que protege una montaña llena de piedras preciosas. Según la leyenda, para obtener el poder de las gemas, Eirik tuvo que sacrificar lo que más amaba. Al final, decide ofrecer su propia voz. Así que, aunque obtiene las gemas y se convierte en un gran líder, nunca vuelve a hablar. Pasó el resto de su vida en silencio, guiando a su gente solo con sus gestos. Su sacrificio fue tan profundo que, al morir, su espíritu se convirtió en el viento que susurra en las montañas.
Matteo escuchaba atentamente, y cuando terminé, su expresión era de admiración.
—Es interesante —dijo, asintiendo—. Una historia triste pero poderosa.
Tomé un sorbo de agua, disfrutando de la frescura, y noté que Matteo se mostraba pensativo.
La tensión en el aire cambió ligeramente, como si se preparara para abordar un tema más serio.
—Xacnia, he estado pensando... —comenzó, su voz un poco más suave—. ¿Te gustaría tener una cita conmigo?
Me quedé boquiabierta, sorprendida por su propuesta.
La verdad es que no esperaba una pregunta así de él. Después de un breve momento de silencio, logré formular una respuesta.
—¿Cuándo? —pregunté, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo.
—Ahora mismo —respondió, su sonrisa ampliándose.
La idea de una cita, aunque inesperada, me intrigaba.
Miré alrededor, buscando algo que hacer.
—Está bien, pero... ¿qué tendríamos que estar haciendo? —pregunté, tratando de mantener la conversación ligera.
ESTÁS LEYENDO
El Mismo Temperamento
خيالXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
