Los días en el castillo tenían un ritmo propio, tan constante como el golpeteo del martillo sobre el yunque en la herrería.
Sin embargo, esta mañana todo parecía distinto.
Tal vez era el cielo, cubierto de nubes pesadas, o el aire, cargado con la promesa de lluvia.
Lo único que sabía era que algo cambiaría.
Me encontré con Ragnar en los establos.
Estaba revisando a uno de los caballos, un animal imponente de pelaje negro, tan viejo como él, aunque igual de fuerte.
Lo observé desde la entrada, sus manos grandes y firmes pasaban por el lomo del animal con cuidado.
Había algo en él que me recordaba a mi padre, pero también algo completamente distinto.
—¿Siempre empiezas el día en los establos? —pregunté, acercándome.
Él levantó la vista, pero no dejó de acariciar al caballo.
—Los caballos son honestos —respondió con una leve sonrisa—. No necesitan palabras para decirte qué sienten.
—Tal vez porque no tienen muchas opciones —repliqué, apoyándome en el marco de la puerta.
Ragnar soltó una pequeña risa, como si hubiera encontrado cierta verdad en mis palabras.
—¿Y tú? —preguntó, mirándome por fin—. ¿Qué haces aquí tan temprano?
—Me pidieron que te ayudara con el inventario de las armas —respondí, encogiéndome de hombros.
Él asintió lentamente, como si la idea le pareciera lógica.
—Bien. Vamos, entonces.
En la armería
La armería era un lugar frío y oscuro, lleno de espadas, lanzas, escudos y dagas.
El olor a metal era penetrante, pero también familiar.
Me movía entre las armas como si fueran viejos conocidos, revisando una a una mientras Ragnar se mantenía a mi lado, revisando los números en una tabla.
—¿Cuánto tiempo llevas manejando armas? —preguntó de repente.
—Desde que puedo recordar —respondí sin mirar—. Mi padre creía que una mujer debía saber defenderse.
—Thorgrim era un hombre práctico —dijo, con una nota de respeto en su voz.
Dejé de lado una daga que no estaba en buenas condiciones y lo miré.
—¿Sabías algo de él antes de que yo llegara aquí?
Ragnar guardó silencio un momento antes de responder.
—Sabía que era un hombre que no tenía miedo de ensuciarse las manos para lograr lo que quería. Eso es algo que respeto.
—Pero no respetas que enseñara a su hija a ser igual —dije, con una sonrisa amarga.
Él me miró fijamente, como si estuviera sopesando sus palabras.
—No respeto a quienes disfrutan del dolor, pero respeto a quienes hacen lo necesario para sobrevivir. ¿Y tú, Xacnia? ¿Eres como él?
Sentí que su pregunta era más profunda de lo que parecía.
—Soy lo que necesito ser —respondí al fin, devolviéndole la mirada—. Igual que tú.
Ragnar soltó una breve carcajada, pero esta vez no había burla en ella, sino algo parecido a la aprobación.
—Tienes razón. Somos lo que necesitamos ser.
El legado compartido
Pasamos las siguientes horas trabajando en silencio, cada uno enfocado en su tarea, pero había algo cómodo en esa quietud.
Cuando terminamos, Ragnar se quedó mirando las armas dispuestas en la mesa frente a nosotros.
—¿Alguna vez has pensado en lo que significa ser un líder? —preguntó, rompiendo el silencio.
Lo miré, sorprendida por la pregunta.
—No creo que sea algo que me corresponda pensar.
—Tal vez deberías —respondió, girándose hacia mí—. Un líder no siempre nace para serlo. A veces, la vida lo obliga.
—¿Estás diciendo que debería ser líder? —pregunté, entre incrédula y divertida.
—Estoy diciendo que tienes lo necesario —dijo, con seriedad—. Pero ser líder no es solo cuestión de fuerza. También es cuestión de entender qué estás dispuesto a sacrificar.
Sus palabras quedaron flotando en el aire, pesadas y significativas.
No sabía si eran un consejo, una advertencia o simplemente un pensamiento en voz alta, pero sabía que no las olvidaría.
Cuando salimos de la armería, el cielo había empezado a soltar sus primeras gotas de lluvia.
Ragnar se detuvo en la puerta y me miró por encima del hombro.
—No subestimes el peso del legado, Xacnia. A veces, es lo único que queda cuando todo lo demás desaparece.
Lo observé mientras se alejaba bajo la lluvia, su figura alta y fuerte perdiéndose entre las sombras del castillo.
Por primera vez, me pregunté si ese peso del que hablaba era algo que realmente quería cargar.
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Algunos capitulos seran cortos🧡
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El Mismo Temperamento
FantasyXacnia siempre penso que nadie la entenderia por su mente macabra,nunca penso que encontraria a alguien con el mismo temperamento de locura hasta tal punto de asesinar
