Cap 41: Miradas

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Acariciaba el lomo de mi caballo, concentrada en limpiar el polvo de su pelaje y en calmar la tormenta de pensamientos que me perseguía desde la noche anterior.

Las emociones se acumulaban en mi pecho, y el trabajo de mis manos parecía ser lo único que podía mantenerme en el presente.

De pronto, oí pasos detrás de mí.

Sabía quién era antes de girarme; podía reconocer su presencia en cualquier lugar.

Sin decir nada, Ivar se acercó, cruzando el espacio entre nosotros hasta quedar a mi lado.

-¿Puedo ayudarte? -preguntó, su voz profunda llenando el silencio.

Levanté la mirada por un momento, sin saber qué responder.

Finalmente, asentí en silencio, observándolo mientras tomaba un cepillo y comenzaba a trabajar a mi lado.

Sus movimientos eran lentos, meticulosos, como si estuviera poniendo en cada pasada del cepillo algo más que simple cuidado.

Y entonces, rompió el silencio, suspirando.

-Xacnia... -dijo en un tono suave, casi resignado-, ¿ya empezamos con las evitaciones?

-No te estoy evitando, Ivar -respondí con firmeza, sin mirarlo directamente.

Sentí sus ojos fijos en mí, buscando algo en mi expresión.

-¿Ah, no? -replicó con una mezcla de ironía y frustración-. ¿Entonces, lo de esta mañana fue casualidad? Me ignoraste otra vez. Ahora mismo intento hablar contigo y me esquivas.

Respiré hondo, intentando no dejarme afectar, pero era imposible cuando él estaba tan cerca.

Dejé el cepillo a un lado, girándome para enfrentarlo.

-¿Qué es lo que quieres, Ivar?

Él se detuvo, evaluando mi pregunta, como si quisiera descifrar algo en mí.

-Quiero que seas tú quien diga qué quieres... Y lo de anoche... -Su voz se volvió más baja, y noté una vulnerabilidad en sus palabras que raramente dejaba entrever.

Esa pregunta me golpeó.

¿Qué quería yo de él?

Mi pecho se apretó, y una respuesta escapó de mis labios antes de que pudiera detenerla.

-Hay millones de chicas que se mueren por ti, Ivar. No entiendo por qué te importa lo que yo piense.

Él soltó una risa suave, aunque sin alegría.

-Y tú tienes millones de hombres que se mueren por ti, Xacnia. Pero, por alguna razón, yo sigo aquí, queriendo intentarlo contigo.

Su confesión me desarmó.

Había algo en su mirada que me hacía bajar la guardia, algo que siempre me costaba ignorar.

-¿Acaso no te importo? -preguntó, sus ojos buscando en los míos cualquier señal que pudiera darle una respuesta.

Mi garganta se cerró, y mi mente era un caos de emociones.

No sabía cómo decirle cuánto me había afectado desde ese beso, cómo no había podido pensar en otra cosa.

Pero mantenerme firme era lo único que sabía hacer.

-¿Tengo que responder eso? -repliqué, intentando desviar la conversación.

-Esta mañana -continuó él, su voz cargada de reproche-, estaba con Freydis, y tú ni siquiera me miraste. Ni una pizca de celos, nada.

Lo miré, entre sorprendida y molesta.

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